Enviar
Miércoles 5 Septiembre, 2007

¡Abran la puerta de la ONU a Taiwán!

Proclamando una vez más la determinación de los 23 millones de habitantes de Taiwán por tomar el lugar que les corresponde en la familia de naciones, el presidente Chen Shui-bian presentó el 18 de julio una solicitud de ingreso en la Organización de las Naciones Unidas a su secretario general, Ban Ki-moon. En respuesta, una portavoz de la Secretaría de la ONU declaró que la solicitud de Taiwán “no puede ser recibida, y por ello, fue regresada”, según la “política de una China de las Naciones Unidas” basada en la Resolución 2758. Este comportamiento es desconcertante, tanto por ser arrogante como por denotar ignorancia.
La Carta de las Naciones Unidas y los reglamentos de procedimiento de la ONU estipulan que el Secretario General debe referir inmediatamente las solicitudes de ingreso al Consejo de Seguridad. El Consejo de Seguridad debe deliberar sobre este asunto y hacer una recomendación a la Asamblea General, cuyos miembros a su vez deliberarán acerca del tema y votarán sobre este. Sin embargo, la Secretaría de la ONU ha coartado los poderes de deliberación y decisión de los estados miembros.
La acción del dirigente de la ONU también es perturbadora porque ha malinterpretado exageradamente tanto la naturaleza de la solicitud de Taiwán como el contenido de la Resolución 2758. Esta solicitud en ninguna forma constituye un reto al derecho del Gobierno de la República Popular China (RPCh) para representar a China. Pero tampoco la resolución implica que Taiwán sea parte de China.
El Estrecho de Taiwán es hoy uno de los puntos de conflicto más peligrosos en el mundo. Puesto que China continental amenaza con iniciar una guerra de anexión, ha desplegado mil misiles dirigidos hacia Taiwán, y rehúsa dialogar directamente con el Gobierno elegido democráticamente en Taipéi, cae en las Naciones Unidas la obligación de cumplir con su papel de vigilante de la paz en la región. Al menos, debería facilitar la comunicación entre las partes para conservar la paz en el Este Asiático antes de que se desencadene una crisis.
Las organizaciones y los funcionarios de la ONU no deben dejarse intimidar por el Gobierno totalitario de la RPCh y adoptar así decisiones poco sabias. En particular, deben dejar de doblegarse ante la aseveración de que Taiwán es una provincia de la República Popular China.
La Carta de las Naciones Unidas indica que todos los Estados pueden ser miembros. Taiwán es sin lugar a dudas un Estado soberano, que por seis décadas ha cumplido todos los criterios que definen un Estado según lo estipulado en la Convención de Montevideo de 1933. A diferencia de la RPCh, Taiwán también es un Estado en el cual la soberanía reside en su pueblo, como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Por lo tanto, todas aquellas naciones que defienden el respeto a la ley, la libertad, y los derechos humanos pueden apoyar la condición de miembro de la ONU para Taiwán. Nunca cambiaremos la libertad por la tiranía.

Shieh Jhy-wey
Ministro, Oficina de información del Gobierno
Taiwán