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El agro exitoso y la Costa Rica equitativa y solidaria que podría erguirse sobre cualquier adversidad, se están destruyendo por falta de visión y malas decisiones

Abandonemos el camino del fracaso

Mientras el mundo se agita en aguas turbulentas, un país pequeño como Costa Rica tendría, a pesar de todo, posibilidades de esquivar los amenazantes embates y dirigirse a buen puerto a disfrutar, con mesura e inteligencia sus recursos y la paz social que lo ha caracterizado.
En ese ambiente podría esta nación impulsar grandes proyectos para construir la Costa Rica bien insertada en el siglo XXI, que no tendría problemas para transitarlo.
Sin embargo, no es así como se desenvuelve el país. Por el contrario, ha venido dando tumbos a merced de la turbulencia.
De la diversidad de equívocos que lo tienen en esta situación, hoy nos interesa destacar el caso específico de una de sus instituciones que debería estar cumpliendo papel de suma importancia en la actualidad: el Consejo Nacional de la Producción (CNP).
La reconversión productiva para el agro que Costa Rica necesita, tendría en el CNP la institución idónea para llevarla adelante con éxito.
Sin embargo, por descuido, por intereses espurios, por no tomar las correctas decisiones oportunamente, esa institución está herida de gravedad esperando unos primeros auxilios y un restablecimiento completo que no llega por falta de voluntad política, como bien lo señala un artículo de este medio el viernes anterior.
El gobierno actual y el anterior, provienen de un partido que se fundamentó en el pequeño productor, en el ordenamiento de los mercados de modo que no se dieran privilegios, en lo que logró construir la Costa Rica equitativa y solidaria que tanto beneficio ha reportado a todas las fuerzas productivas. Un ideario que hoy debería buscar los mismos fines por medios actualizados.
Sin embargo ese riquísimo patrimonio se está destruyendo por malas decisiones y falta de visión. Lo demuestran muchas cosas, entre ellas un CNP en grave crisis.
Justo la institución que se necesita para que el productor de nuestro agro continúe ahí, produciendo con éxito, alimentando a los costarricenses y exportando cuando ese sea el caso.
En lugar de eso, lo que hacen nuestras autoridades en medio de inútil retórica, es favorecer la migración de esos trabajadores del agro hacia las ciudades. Ahí pasarán a formar parte del doloroso hacinamiento sin esperanza donde se amontonan los desplazados sin oportunidad de supervivencia, engrosando en muchos casos el caudal de los que perdieron el rumbo y se sumaron a la delincuencia o el crimen organizado.
Es decir, el camino del fracaso desde el punto de vista del agro y también desde la coyuntura de la inseguridad.


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