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Martes, 15 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


A un año de nuevas elecciones nacionales

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 07 noviembre, 2018


Pizarrón

Estamos justo a 12 meses para que se abra el siguiente proceso electoral nacional, el de las 82 municipalidades, el de las 82 alcaldías. No es una fecha lejana. Tan solo hace un año, de la misma manera, estábamos iniciando el proceso electoral que llevó a Carlos Alvarado Quesada a la Presidencia de la República y al Partido Acción Ciudadana a su segundo mandato de gobierno, de manera continua, seguida, gobernando el país por ocho años, de un solo tiro, emulando con el Partido Liberación Nacional, que lo ha hecho en tres oportunidades, 1970-1978, 1982-1990 y 2006-20014, y con el Partido Unidad Social Cristiana, que lo ha hecho en una ocasión, 1998-2006.

Esto para señalar que el tiempo pasa más rápido de lo que usualmente pensamos o sentimos y, pasado este mes, con la discusión pendiente del Proyecto de Ley de Reforma Fiscal y de la aprobación del Presupuesto Nacional, en la Asamblea Legislativa, en su segundo debate si llega a haberlo, entraremos en el sopor del mes de diciembre, de las vacaciones, del aguinaldo si lo pagan, de suerte con vacaciones inconstitucionales de los diputados en el mes de enero, por suspensión de sesiones aprobadas por ellos mismos, de modo que lo que quedará para las elecciones es un plazo más corto.

Para los partidos políticos que están inscritos, para los que tienen diputados y regidores y alcaldes, el proceso de su validación para las elecciones municipales y de alcaldes es más fácil que para los partidos que no tienen electos representantes populares, y mucho más difícil para los que quieren participar por primera vez en este nivel cantonal, que tienen que fundar e inscribir partidos políticos. A estos solo les queda un mes prácticamente para terminar de hacer sus trámites de inscripción ante el Tribunal Supremo de Elecciones.

Las elecciones que vienen por su naturaleza son nacionales, son en todo el país, en los cantones y en los distritos de cada uno de ellos. En ambas estructuras administrativas se eligen representantes populares. En la práctica, igualmente, por su esencia, son 82 elecciones cantonales y casi 500 elecciones distritales diferentes. En cada cantón hay una especificidad electoral y hay diversidad de partidos, pudiendo haber en unos cantones más partidos que en otros. En todos los cantones probablemente estarán los partidos nacionales, en los cantones de una provincia además estarán los partidos provinciales, todos estos actuando en cada cantón, con un programa general para todos los cantones y con aspectos específicos para cada cantón, lo que enfatiza en la particularidad de cada elección cantonal. Esta particularidad hace, igualmente, que en cada cantón se concentre la atención del país. 

Que yo recuerde en este tipo de elecciones no hay partidos políticos distritales. Son los partidos políticos cantonales los que se hacen presentes con sus estructuras cantonales en cada uno de los distritos de su cantón. Sin embargo, nada impediría constituir un partido político distrital, solo que los concejos distritales no tienen en la práctica nacional ninguna relevancia e importancia ni significado político real.

En la totalidad de candidatos, en los 82 cantones y los casi 500 distritos pueden moverse cerca de 12 mil candidatos, o más, entre todos los partidos. Esto es una gran movilización ciudadana y exige una gran organización política local, provincial y nacional, porque en estos 82 cantones y casi 500 distritos participan generalmente todos los partidos que ya existen a nivel provincial y a nivel nacional.

En la historia de estas elecciones pocos cantones son ganados por los partidos cantonales propiamente dichos y existentes, pero no impide que ganen si tienen buenas postulaciones de mujeres o de hombres, en los cargos de elección popular, al menos en los puestos que encabezan sus papeletas electorales. Pocos partidos cantonales han ganado mayoritariamente los puestos a elegir.

A los partidos que hoy tienen esos gobiernos locales en sus manos se les pone más cuesta arriba. Liberación Nacional es el que más cantones controla, casi 50 de los 82. El resto se lo dividen una decena de partidos.

El partido de gobierno, Acción Ciudadana, es el más prensado en esta disyuntiva electoral. Como partido gubernamental debería ganar la mayoría de los cantones, como sucedió en 2002, con la Unidad Social Cristiana, como sucedió con Liberación Nacional en 2006, 2010 y 2016, en este último caso bajo un gobierno del Partido Acción Ciudadana, en que el Partido Liberación Nacional barrió en las cantonales. En su caso, el Partido Acción Ciudadana, entre un gobierno y otro, 2014 y 2018, ha bajado el número de diputados y apenas ha sostenido el número de las pocas alcaldías que eligió en 2010.

Lo novedoso de este gobierno de Acción Ciudadana hoy es haber intentado, y estar intentado mantener, un llamado gobierno de unidad nacional, con presencia de representantes de cinco partidos en el Consejo de Ministros, y el reto político que debería enfrentar es mantener esa misma unidad nacional en las elecciones municipales, estableciendo como alianza estratégica, que la va a necesitar, una coalición electoral en los mismos términos de la unidad en el Poder Ejecutivo, con miras a esas elecciones, pero también en posibilidad de llevarla, si la unidad en el gabinete se mantiene, hasta las elecciones nacionales de 2022.

Si las fuerzas políticas que de alguna manera están en el gabinete, por los miembros de los partidos que son ministros, pero no militantes de Acción Ciudadana, se presentan separadas del gobierno, el mensaje que se estaría dando al país es confuso, se estaría diciendo por parte de esos partidos: estamos adentro pero desde afuera le damos palo. Además, de que los problemas del país se agitarían, localmente, sin orientación nacional, que pareciera que la situación actual así exige.

Si la Reforma Fiscal se aprueba, el gobierno y quienes lo integran van a llevar palo tamaño rato por los opositores a la Reforma Fiscal, que tratarán igualmente de trasladar esa oposición a los partidos cantonales, para ganar las municipales y sus concejos municipales y distritales, y de ser posible crear situaciones de dualidad de poderes, con el Poder Ejecutivo, desde el poder popular comunal, solo que sin capacidad económica suficiente para lograr una autonomía municipal real y respetable, pues las municipalidades a todos sus efectos dependen de la aprobación del Presupuesto Nacional y de lo que este disponga.

Ningún gobierno municipal, salvo tal vez un poco el del cantón de San José, se distingue por su obra de gobierno local con trascendencia y reconocimiento público.

Mientras ese es un reto de unidad nacional para los que están en la Unidad Nacional del Ejecutivo Nacional, Eli Feingzag ha propuesto otro eje de coalición posible, que él mismo llama centroderecha, que sería que se coaliguen los partidos Liberación Nacional, lo que les debe frustrar que los ubiquen como centroderecha, la Unidad Social Cristiana, que no les ha de molestar esa etiqueta, y su Partido Liberal. Y, al frente de este grupo, Feingzag propone que se coaliguen los otros, en una propuesta de centroizquierda, Frente Amplio y Partido Acción Ciudadana, que no han podido coaligarse en otros procesos electorales anteriores, con la dificultad para los del Frente Amplio de coaligarse con el Partido de la Reforma Fiscal, de conformidad a la imagen pública que tendría, y de que activos militantes del Frente Amplio son cuestionadores y opositores de dicha Reforma, y el tercer grupo, el de los cristianos pentecostales.

El Partido pentecostalista de Restauración Nacional (PRN), particularmente, acaba de sufrir una división que al igual que al Partido Acción Ciudadana, en la Asamblea Legislativa de 2006, se les fue la mitad de sus diputados, los que constituyeron otro partido.

Los cristianos separados de Restauración Nacional crearon, encabezados por el candidato presidencial Fabricio Alvarado, el Partido Nueva República, que está en proceso de inscripción nacional. Entre estos dos partidos, como bien dice Omar Jiménez Camareno, no hay grandes diferencias, y jocosamente lo plantea diciendo que el orden de los factores de las siglas de sus partidos no altera el producto: PRN y PNR, son la misma cosa.

Pero, ojo, no hay que ver solo al cielo, hay que ver el suelo. Hay que ver la realidad de la presencia de los grupos pentecostales en las costas, en las provincias periféricas, y en los barrios pobres, en las zonas marginadas y excluidas, en los intentos que están haciendo de penetrar y ganar juntas directivas de sindicatos en zonas agrícolas, y de que han declarado firmemente que quieren ganar los gobiernos locales, con casi 4 mil iglesias, iglesitas, y centros de pastoreo espiritual, de sus ovejas políticas, en todo el país, con un movimiento de masas, en que han participado, que se puso en movimiento alrededor de la protesta contra el Proyecto de ley de la Reforma Fiscal, donde miles de ciudadanos fueron agitados y movilizados contra el actual gobierno del Partido Acción Ciudadana y su presidente, principalmente, con ayuda de los sindicatos y otras organizaciones, de todo tipo, que se movieron en estas protestas, especialmente los de maestros y profesores, que todavía siguen en pie de lucha, con educadores y sindicatos que tienen presencia en todo el país, pero, eso sí, sin posibilidad de que los maestros, especialmente del Sindicato de Educadores Costarricenses, como lo intentaron hace unos años, organicen un nuevo partido político propio.

En esta lucha sindical y social el movimiento sindical también quedó dividido en sus entrañas, pero, al mismo tiempo, envalentonado en algunos de sus dirigentes.

Las elecciones de finales del próximo año, que terminan el primer domingo de febrero de 2020, serán en mucho premonitorias de lo que pueda irse articulando hacia las elecciones nacionales de 2022. Por ahora puedo decir que en la historia electoral de la segunda mitad del siglo XX y de lo que llevamos del siglo XXI, es decir en los últimos 70 años, ningún partido político ha ganado tres veces seguidas el gobierno. Esto puede alentar a los que quieren ver al Partido Acción Ciudadana fuera.

Sin embargo, no es imposible que se mantenga en ejercicio de gobierno. Esto va a depender de cómo salga el país del embrollo fiscal, económico, financiero, devaluativo e inflacionario, y cuidado que deflacionario también, en que está metido. Si sale bien el partido de gobierno, y quienes están en el Consejo de Ministros, puede tener ganancias pero, si sale mal todos vamos a tener pérdidas, y más los que han puesto los obstáculos para buscar las salidas, sin proponer los proyectos legislativos alternos. No es suficiente solo el discurso parlamentario, el discurso de plaza pública y la arenga política irresponsable que se ha agitado en estas últimas semanas.

Las elecciones de 2019-2020 no han arrancado ni siquiera oficialmente. Seguramente el Tribunal Supremo de Elecciones ya tenga preparada su apertura para anunciarla, con el calendario oficial, a partir del 1° de enero próximo.

Y las elecciones de 2021-2022 ya están empezando a adobarse en los distintos partidos, que tendrán las elecciones municipales y distritales como su peldaño inmediato. ¡Seguimos en elecciones!

En ambos procesos electorales, las municipales de 2020 y las nacionales de 2022, a la vista no hay candidatos. Las municipales tienen a aquellos que quieran reelegirse pero aún no lo manifiestan. En las nacionales hay pugnas subterráneas en los partidos, y hay personajes legislativos que se ven en el espejito del cuento. Así, ¡seguimos en elecciones!, aunque parezca que estas elecciones son barcos sin timoneles, sin hojas de rutas, sin puertos a dónde llegar ni a dónde llevar a los electores. 










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