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Viernes, 23 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


A 60 años del voto femenino

Macarena Barahona [email protected] | Sábado 20 junio, 2009



CANTERA
A 60 años del voto femenino
Segunda parte

Los derechos políticos femeninos no fueron otorgados, fueron el fruto de una larga lucha, cuyos comienzos son también el inicio de la democracia como sistema político.
El presidente José Joaquín Rodríguez solicitó el voto para las costarricenses en 1890, en reconocimiento a la participación de las mujeres en los sucesos ocurridos en noviembre de 1889; mujeres que defendieron, pese a que no eran ciudadanas, el sistema electoral, apoyando al candidato triunfador en oposición a la tradición política.
Todas las mujeres en los distintos países democráticos han obtenido sus derechos políticos luchando en sus espacios privados y colectivos. Ninguna republica, estado o nación la regalado nada a nadie; nuestra historia, con sus aportes esclarecedores, sigue repitiendo en las escuelas y aulas, en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas el voto de la mujer como un obsequio.
En esencia, la reivindicación de la mujer por su derecho a la Justicia, a la libertad personal y a una condición humana plena, representó parte de las grandes agitaciones políticas de los siglos XIX y XX, cuando se conformaron definitivamente las naciones y los procesos industriales y políticos.
Al reivindicar sus derechos, las mujeres únicamente estaban siguiendo los mismos pasos que habían dado los hombres y que permitieron, en casi todos los lugares del mundo industrializado, encaminarse a nuevos retos de la participación social.
La Fundación de la Liga Feminista, en 1923, marcó una etapa en la anterior lucha por la igualdad de la mujer en Costa Rica. Esta organización vino a representar la conjunción de intereses y necesidades individuales, superándolas en el plano colectivo, casi gremial, de lucha política y social.
Desde 1923 hasta 1949, en los argumentos que son utilizados para defender u oponerse en las repetidas demandas de solicitud de voto, se observa la evolución de contenidos, de conceptos sobre la igualdad intelectual, la capacidad de diferenciación en cuanto a oportunidades educativas, las críticas negativas sobre la función social de la mujer y sus cuestionables intereses políticos.
El aplazamiento de la concesión del derecho al voto que en todas esas ocasiones, en el seno del Congreso de la República fue posible, solo puede ser explicado por la inseguridad política de los diputados. Somos casi la mitad de la población, nuestro poder es contundente. Y a 60 años, aún no lo reconocemos.