Un día atípico para Liberación Nacional
El candidato, Johnny Araya del Partido Liberación Nacional votó en la junta número 200 de la escuela Carlos Sanabria en Pavas, y llamó a sus simpatizantes a un voto optimista. Esteban Monge/ La República
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Pocas actividades marcaron agenda de Johnny Araya

Un día atípico para Liberación Nacional

Candidato oficialista cambió el discurso y llamó a los simpatizantes “a la carga”

Definitivamente el día de las elecciones para Johnny Araya fue atípico. De hecho, la campaña electoral lo fue de principio a fin para el aspirante liberacionista.
Es difícil ser candidato sin hacer campaña. Mucho más buscar la Presidencia luego de renunciar a la candidatura.

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El día de Araya comenzó temprano. A las 6 a.m. su esposa, Sandra León comentó que prepararía un almuerzo con comida caribeña para compartir con los hijos de ambos.
Mientras la compañera de Araya salía a votar en la bicicleta que el mismo candidato presidencial le prestó, el oficialista leía periódicos en la privacidad de su casa y quizás se preparaba para enfrentar la jornada, un día de elecciones poco común.
Pasadas las 9 a.m., cuando el sol de abril se vuelve más insoportable que en el resto del año, se abrió la puerta de la casa de Araya para recibir a sus compañeros de fórmula presidencial.
Primero llegó el candidato a la vicepresidencia, Jorge Pattoni, con una sonrisa de seguridad inusual bajo las circunstancias del partido, el empresario siempre portador de un sombreo de ala ancha.
Minutos después ingresó la segunda vicepresidenta, Silvia Lara, quizás un poco menos optimista o tal vez más conservadora. Eso sí, ambos tenían algo en común, el deseo de una sorpresa.
Luego de una reunión, Araya, Pattoni y Lara salieron en una pequeña caravana rumbo a la escuela de Bello Horizonte de Escazú donde votaría la candidata a la segunda vicepresidencia.
El dato curioso fue que en ese centro educativo había muy pocos votantes y en las afueras no se colocó el toldo liberacionista que —en teoría— debe guiar a los votantes a las urnas con las intenciones verdiblancas.
Los medios de comunicación marcaron el camino de la trinidad liberacionista, por momentos se contaban más periodistas, fotógrafos y camarógrafos que simpatizantes del partido oficialista.
La segunda parada de la caravana liberacionista fue cerca de las 10.30 a.m. en la antigua escuela Metodista en San Pedro.
Allí, un pequeño grupo de diez personas esperaba a Araya para ofrecerle una serenata que más o menos se escuchaba así: “Johnny, Johnny con Pattoni, y con Silvia; Gobernarán”.
Nuevamente, el ingreso del candidato a la primera vicepresidencia, Jorge Pattoni estuvo obstaculizado por los medios de comunicación.
En el camino, una niña con traje de scout le seguía con cámara en mano y lejos del tumulto de periodistas le tomaba fotos, nadie la había notado, pero ella capturaba sus mejores cuadros de aquel momento.
La pequeña se llama, Sofía Solano, tiene nueve años y decidió tomar las fotos porque quería llevarle el recuerdo de Araya y Pattoni a su abuela liberacionista que vivía a tan solo dos casas, pero que esta vez no podría votar debido al cáncer que la mantiene en cama desde hace tres meses.
En medio de un desolado San José —más parecido a Domingo Santo que a segunda ronda— cruzar desde San Pedro hasta Pavas no le tomó ni 20 minutos al candidato Johnny Araya.
A la llegada del oficialista a la escuela Carlos Sanabria, medio centenar de simpatizantes le esperaban con música de cimarrona y banderas.
Esta vez el ingreso a la urna fue más complicado, en medio tuvo que saludar a las personas que se le acercaron y superar las constantes preguntas de la prensa.
Cuando finalmente logró llegar a votar, lo hizo muy rápido en la junta receptora número 200, en la misma aula donde este martes a las 7.00 de la mañana un grupo de tercer año recibirá lecciones de matemáticas.
Ahí terminó la agenda de Araya, quizás si no hubiera renunciado a hacer campaña, su día hubiese sido más ajetreado.

Manuel Avendaño
[email protected]
@MavendanoLR

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