Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 9 Junio, 2014

Nuestro convenio de patrullaje conjunto incluso sirvió de modelo para el que en el Caribe acordaron Holanda, Estados Unidos y naciones de ese mar


Solos no podemos

El tráfico internacional de drogas ilegales es un fenómeno de criminalidad que no puede ningún país, ni siquiera los más poderosos, enfrentar de manera aislada. Menos puede dar esa lucha una nación pequeña y sin ejército como la nuestra, que se encuentra ubicada en la ruta entre los sitios de producción y los mercados de consumo masivo.
Por eso cuando llegamos al gobierno tomamos la iniciativa y propusimos a los Estados Unidos suscribir un tratado que regulase un patrullaje conjunto de nuestras costas, que se firmó en 1998 y fue ratificado por la Asamblea Legislativa el año siguiente.
Estados Unidos había propuesto un acuerdo similar al gobierno anterior, pero sus términos eran inconstitucionales de acuerdo con nuestra legislación y no se había llegado a nada. Asumimos pues la iniciativa, por el convencimiento de que el tráfico ilícito —tanto por nuestro Caribe como por nuestro Pacífico— iría in crescendo. Y sabíamos que carecíamos, y hoy también carecemos a pesar del mucho progreso, de los medios materiales, técnicos y de conocimientos para dar la lucha en protección de soberanía marítima.
Con esa ley y con su ejecución logramos dotar al Servicio Nacional de Guardacostas —que también instituimos durante mi gobierno— de naves, entrenamiento y apoyo para la protección y seguridad de mar territorial.
Claro que nuestras pocas embarcaciones y las instalaciones en ambas costas no son suficientes para vigilar nuestra extensa soberanía marítima, así como son también insuficientes nuestros recursos técnicos de control de vuelos en nuestros cielos y de naves en nuestros mares.
Por eso nuestro convenio de patrullaje conjunto incluso sirvió de modelo para el que en el Caribe acordaron Holanda, Estados Unidos y naciones de ese mar.
Si quisiéramos cambiar la estrategia y legalizar las drogas, tampoco podríamos hacerlo solos, pues en nuestra pequeñez seríamos un centro incontrolable de producción y tráfico hacía otros países. Estamos condenados a actuar de manera concertada con otras naciones, y en especial con aquellas que disponen de los recursos requeridos para estas tareas.
Pero claro que para hacerlo debemos ser responsables y cumplir con nuestras obligaciones con nuestros socios en estas luchas.
Nuestro convenio de patrullaje conjunto con los Estados Unidos ha sido sometido a la revisión de constitucionalidad por medio de diferentes recursos planteados por diferentes grupos y ha salido bien librado.
Todo lo anterior vuelve inexplicable que —por dogmatismos ideológicos y animadversión a los Estados Unidos— haya pasado el primer semestre de este año sin que se aprueben los permisos de navegación y atraque a las naves del Servicio de Guardacostas de ese país, y a las de su Marina que deben darles soporte logístico.
También es inexplicable —si se desea combatir el narcotráfico— que en la Asamblea Legislativa se le haya dado la presidencia de la Comisión Especial Permanente de Seguridad y Narcotráfico a un diputado del Frente Amplio, siendo que ese partido ha indicado en la sesión de pasado 3 de junio su oposición al patrullaje conjunto y a coordinar con los Estados Unidos en actividades en contra del narcotráfico internacional.

Miguel Angel Rodríguez