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Jueves, 15 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Sinsentidos

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 09 octubre, 2013


Me resisto al dramatismo y la flagelación que nos inundan por estos días como la pertinaz lluvia propia del mes de octubre


Hablando Claro

Sinsentidos

En Italia, tras la terrible tragedia del naufragio ocurrido frente a la costa de Lampedusa en Sicilia cuando se incendio una barca con unos 500 inmigrantes africanos a bordo, el mundo enfrenta la congoja de las contradicciones más absurdas: los muertos obtienen ciudadanía italiana para acceder con ello a un pedazo de tierra donde reposen sus restos, mientras que los sobrevivientes deberán encarar investigaciones bajo el marco de una ley que criminaliza la inmigración como un delito, de modo que tras el horror que han pasado, no solo serán expulsados, sino que además podrían enfrentar multas de 5 mil euros.
En ese contexto inverosímil, mientras continúan las tareas de búsqueda de los aún cientos de desaparecidos, la Ministra de Integración de ese país (que es curiosamente de origen congoleño) clama por la responsabilidad de Europa y exige una política de acogida a los inmigrantes.
En Estados Unidos se vive una crisis de gobernabilidad política tal con la improbación presupuestaria, que la administración federal debió cesar la semana pasada temporalmente a 800 mil empleados públicos.
Se trata de un asunto de suyo complejo pero que en concreto tiene que ver con la férrea y tenaz oposición de un sector del partido republicano a la reforma del sistema de salud, la denominada “Obamacare” justamente impulsada por el Presidente Obama para darle opción de cobertura sanitaria a unos 40 millones de estadounidenses que hoy carecen de seguro.
Una reforma impulsada por varios gobiernos demócratas que los republicanos adversan. Una puja ideológica de profundo calado.
En Costa Rica, con un sistema político en transición (no sabemos bien hacia dónde) uno de los muchos partidos del espectro, que fue la primera fuerza electoral en los 90 y que cayó a sus más bajos niveles en la siguiente década, e intentaba ahora recomponerse, ha entrado de nuevo en coma, entre muchas otras razones, porque su otrora caudillo y algunos de sus líderes creyeron que era posible conseguir un outsider como candidato presidencial y el experimento está resultando ser todo un desaguisado.
Por supuesto a estas alturas nadie puede saber a ciencia cierta en qué va a parar toda la chanfaina, pero no parece tampoco descabellado advertir que podría derivar en una votación aún menor que la que obtuvo esa agrupación en las últimas tres elecciones.
Me disculpan si no caigo en cruz por nuestra crisis política local. Y no significa que no sienta algún grado de vergüenza ajena por la camiseta socialcristiana y que no esté consciente que esto golpea aún más la baja credibilidad de los ciudadanos en el sistema político.
Esto es precisamente lo peor de todo el melodrama que se ha montado en las tiendas rojiazules. Lo entiendo perfectamente. Pero aun así, me resisto al dramatismo y la flagelación que nos inunda por estos días como la pertinaz lluvia propia del mes de octubre.

Vilma Ibarra