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Jueves, 15 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Sin fuelle a medio partido

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 13 septiembre, 2012



De cal y de arena
Sin fuelle a medio partido


Su pabellón el de la firmeza y la honestidad quedó hecho jirones y dejó de flamear. Su proyecto estrella —la trocha que enlazaría la región fronteriza norte con el resto del país se hundió en un mar de corrupción. Su intento de sanear las finanzas públicas se estrelló en el muro de las incompetencias para negociar. Su gabinete que rápidamente demostró estar conformado sin la observancia de los requerimientos propios para trabajar en equipo y para hacerlo con habilidad política, ha ido desgranándose no porque la Presidente de la República haya entendido el significado del abrumador mensaje que le envían las encuestas —“ese gabinete no sirve”, sino por efectos de la ley de gravedad. Hoy, cuando el mandato apenas ha pasado la mitad de su periodo, el cuatrienio muestra claras y hondas resquebrajaduras, sin fuerza política, sin capacidad de convocatoria, sin siquiera el respaldo entusiasta de su partido… sin fuelle.
Dos años perdidos posiblemente no por carencia de títulos y méritos intelectuales; sí porque el gabinete no tiene lo que en la administración de la cosa pública es requisito fundamental: habilidad política. No pega, por ello, una.
No pudo sostener la alianza con el Movimiento Libertario; ni pudo consolidar el empalme con Acción Ciudadana; ni pudo asignarle tareas trascendentes para la marcha del país al improvisado maridaje con ese derecho de llave que se llama PASE. Tampoco la ley que permite la emisión de bonos por $4 mil millones para colocar en el extranjero y que las autoridades hacendarias reputan de importante basa, recibió el aplauso caluroso de los segmentos productivos en la economía nacional pues tienen más dudas que certezas. En resumen, medio periodo presidencial desperdiciado.
Otra chambonada va a hundir ese proyecto de trascendencia, necesidad y utilidad pública —el que intenta poner orden en el caótico y gravoso mundo de los privilegios, ventajas y derechos que acompañan las planillas en el sector público— por causa de las mismas falencias de sentido político.
Sanear los presupuestos del gobierno sin entrar con bisturí a ese anarquizado mundo, es tarea imposible. La decisión de acabar con el despelote resulta, por tanto, plausible y digna de reconocimientos. Pero… ¿por qué la iniciativa ahora? ¿No vieron antes ese despelote? ¿En qué estaban? ¿Tocando el laúd?
He ahí, de nuevo, la incompetencia política a plenitud por culpa de la cual una pertinente propuesta va a terminar en las turbulentas aguas de un año electoral… apenas para que se hunda. Y para más señales de incompetencia política, aparece la miopía en los ojos presidenciales que impide ver el sentido y fundamento de la presión popular que demanda que los $8 millones que donó China y el millón que donó el BCIE sean asignados a la recomposición de parte de los daños del terremoto y no a compras de computadoras y mejoras en la comunicación con los ciudadanos, seguro para que no se agüeven más.

Alvaro Madrigal