Sin credibilidad no hay gobernabilidad
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Los costarricenses ya tienen bastante claro que la capacidad para diseñar discursos políticos atractivos está muy lejos de ser lo que ellos necesitan en los puestos de poder

Sin credibilidad no hay gobernabilidad

En estos días se opina con frecuencia sobre la ingobernabilidad. Este medio ha abordado el tema porque es importante. Pero quien desee tener gobernabilidad debe despertar credibilidad y para ello ha de demostrar, con hechos, no con palabras, que es capaz de hacer bien las cosas y de corregir aquello que se esté haciendo mal contra su voluntad.
Los partidos políticos y los gobernantes deben demostrar su capacidad para generar buenas ideas para el bien común y su posibilidad de ponerlas en práctica en forma correcta y transparente.
Cuando esto suceda, irá formándose una sólida sensación de credibilidad en la clase política y en los gobernantes y es entonces cuando estos no tendrán ningún problema de ingobernabilidad.

Ni siquiera las fuerzas de oposición a un gobierno tienen bases suficientes para oponerse a los planes cuando estos están seriamente fundamentados en el bien común y cuando los encargados de desarrollarlos dan cuentas claras y permanentes del buen uso que hacen de los recursos que los contribuyentes les entregan para realizar esas tareas.
Por eso, esa responsabilidad, que tienen los gobiernos, debe asumirse desde los partidos políticos. Es ahí donde deben abrirse los espacios para el sano e inteligente debate de los asuntos de interés nacional, desterrando todo interés espurio, egoísta o particular.
Las agrupaciones políticas deben volver a ser espacios para el pensamiento, para los idearios, para concebir las mejores vías para el progreso, sin exclusiones, de los habitantes.
La población, es decir, los votantes, ya saben que las habilidades para construir y poner a funcionar una maquinaria electorera que permita llegar al poder no significa capacidad de gobernar ni buenos proyectos para una mejor vida para todos.
Los costarricenses ya tienen bastante claro que la capacidad para diseñar discursos políticos atractivos está muy lejos de ser lo que ellos necesitan en los puestos de poder.
Por ello, mientras en el seno de las agrupaciones políticas no suceda la necesaria transformación, viviremos agobiados esperando que los gobiernos cumplan con su deber y los gobernantes vivirán quejándose infructuosamente de la ingobernabilidad.

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