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Jueves, 13 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Segundo tiempo

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 09 mayo, 2012



Hablando Claro
Segundo tiempo


Si se tratara de un partido de fútbol diríamos que el primer tiempo nos dejó un mal sabor. Que aunque no vamos perdiendo el juego, percibimos el resultado como tal porque ciframos altas expectativas en el desempeño y este no fue el que esperábamos. Faltó conjuntar y amalgamar el equipo. Ha habido faltas de toda índole por impericia, novatada, arrogancia y hasta juego sucio. Para añadir al disgusto, el director técnico estaba en otras, no quiso admitir que no había hecho una selección adecuada de la alineación, se empecinó en no propiciar las permutas a tiempo (en mucho para dejar en la cancha a jugadores muy cercanos) mientras que permitió que le renunciara el mejor mediocampista, se enemistó con los cronistas (por demás siempre creyéndonos directores técnicos en lunes), trató de armar la recontra con algunos de la Unafut ante tanto jaleo con la Fedefútbol y terminó haciéndole mal ojo a la afición, que por cierto ha sido inclemente en el abucheo.
Pero un país no es un juego. Ni una cancha. Consecuentemente, la analogía no se ajusta; aunque falta el segundo tiempo.
El distanciamiento entre los ciudadanos y la clase política está tocando fondo en gran parte del mundo democrático. A mayor nivel educativo y mejores condiciones en la calidad de vida disfrutada parecen incrementarse el descontento, la apatía, el malestar, el enojo y la indignación por la falta de resultados tangibles y contundentes de la democracia. ¡Más eficacia! ¡Más y mejores resultados! Ese es el grito que se oye por todas partes.
En Costa Rica, donde seguimos creyéndonos el ombligo del mundo porque no tenemos lentes de largo alcance y todo lo que sucede nos parece un acontecimiento planetario aunque esté siempre (o 99% de siempre) circunscrito a la Gran Area Metropolitana (que no es ni un barrio del Distrito Federal mexicano) no solo no somos una excepción respecto del malestar democrático, sino que hace mucho nos negamos (por pura miopía o por pura mezquindad) a arrear pa’lante todos juntos. Al mejor estilo tico (ese tan conocido del chiste del infierno) estamos convencidos que la victoria o el éxito del otro es la derrota y la desgracia propia.
Nos hemos vaciado de ilusiones a punta de machacarnos vicios, pecados y defectos. Hablamos mal los unos de los otros y entre todos nos hemos encargado de denostar a la clase política (ciertamente venida a menos sin nuestra ayuda) a tal punto que solo los muy valientes o puramente locos, son capaces de lanzarse a esa arena de circo romano que es hoy la función pública. Y los verdaderamente buenos que quedan en la cancha son tan pocos, que juegan un día atrás, otro en el medio y al siguiente adelante, atajando las bolas e intentando al mismo tiempo encajar alguna.
El segundo tiempo de la Administración Chinchilla Miranda será definitorio, pero no porque vaya a determinar la supuesta victoria anticipada de los liberacionistas tan obstinada y mezquinamente apresurados en vivir en campaña permanente (con la ayuda infaltable de las encuestas) sino porque habremos de demostrar si somos capaces de conjuntarnos en pos de unos cuantos objetivos comunes.

Vilma Ibarra