Sangre joven en el Gobierno
Con picardía creativa e innovadora, Ana Cristina Trejos utilizará las redes sociales como herramienta primordial para comunicar los procedimientos y las acciones del Ministerio de Vivienda. Gerson Vargas/La República
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Ana Cristina Trejos, viceministra de Vivienda

Sangre joven en el Gobierno

La sociedad debe creer en los jóvenes, por la actitud para cambiar las cosas

Su inquietud de aportar un grano de arena a la sociedad fue el motor que impulsó a una estudiante a ingresar a la Fundación Un Techo para mi país.
Hoy —ocho años después de iniciar la aventura— ocupa la silla de viceministra de Vivienda, con tan solo 26 años.
En un escenario adultocéntrico y machista, Ana Cristina Fallas   espera ser la voz de familias en pobreza, las cuales son su universidad. El Presidente supo quién era ella, porque las personas de las comunidades aseguran que trabajó con sudor y agallas.
Su principal reto como Viceministra será revolucionar el sistema de vivienda, augura que la creatividad y la innovación serán su sello.
Una mujer de esquemas y papeles, con un verbo imponente, habló con LA REPÚBLICA, en donde se desnudaron las ideas y acciones de una de las fichas más jóvenes de Luis Guillermo Solís.


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El nivel de rigor de los trabajos de la Fundación Un Techo fue el trayecto que fortaleció el liderazgo y los principios éticos de la jerarca de Vivienda. Gerson Vargas/La República
¿Qué significa ser una de las jerarcas más jóvenes?
Es un honor y una oportunidad de demostrar el trabajo que podemos hacer los jóvenes. Ser joven no quiere decir que se trabaje mal.
Como se dice, echando a perder se aprende, pero eso no quiere decir que es la regla. Nosotros demostramos que podemos dar muchos pasos de acierto, pero que como cualquier ser humano puede existir un error.

¿Por qué se involucró en Techo?
Siempre tuve carácter fuerte, soy proactiva y extrovertida. Por eso siempre fui el dolor de cabeza de mi mamá en la adolescencia.
Cuando entré a la U, fue muy “rico”,  los profesores me empezaron a generar cierta conciencia social.
De ahí, me cuestioné la necesidad de retribuirle algo a esta sociedad, y entonces empecé a buscar qué hacer.

¿Cómo logró un equilibrio entre la U y la vida social?
La familia es lo que se cobra más caro, sin embargo uno aprende a encontrar un balance a partir de la experiencia.
Si yo entraba a las 9 a.m. a clases, a las 7 a.m. estaba en la fundación enviando correos, muchas veces almorzaba en la oficina.
Al final es convicción y pasión, siempre decimos “el convencido convence y aquí el que no está para dar alma, corazón y vida, no vamos a convencer a nadie”.
Gracias a eso este fin de semana más de 5 mil voluntarios salen a la calle.

¿Pensó alguna vez ser parte del Gobierno?
Sí lo pensé, pero dentro de mucho tiempo. Desde el inicio lo que pensé era trabajar en crear estrategias de salud integradas y públicas.

De una ONG a dirigir las riendas de un viceministerio, ¿Cómo ha sido la experiencia?
Es una reacción fuerte, existe un área técnica formada por personas que hacen buen trabajo, pero en el exterior no se refleja. Además de enfrentarme a escenarios de adultocentrismo y machismo.

¿Qué expectativas tiene en su función como viceministra?

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Revolucionar el sistema de vivienda, los procesos de democratización de la información, involucrar a los beneficiarios, y tener un verdadero proceso social para la selección, eso ahorita no funciona así.
Es un tema de creatividad e innovación en las áreas social, técnica y financiera.

¿Por qué creer en los jóvenes? ¿Por qué creer en usted?
La gente tiene derecho a no creer a ciegas, las acciones se demuestran con hechos.
Los jóvenes somos gente de armas tomar, no tenemos miedo a que las cosas sean lentas o sean difíciles.
Esta no es la primera vez que yo venía a este Ministerio, desde que Techo comenzó logramos tocar puertas, hasta que las abrieron.

¿Cómo puede el estilo de la juventud aportar a este Gobierno?
Mete eficacia al sector público, nosotros no venimos con el sesgo de que es muy difícil, es lento o hay trabas, no tenemos esa barrera mental. Por el contrario, siempre pensamos que se puede hacer.

¿Cómo no dejar de ser Ana Cristina?
Con tener las botas en el terreno, los tacones para estar en la oficina, las tenis para salir al campo, para seguir viendo los proyectos de cerca y seguir hablando con esas personas que desean adquirir una vivienda.
Si uno se desliga del terreno, del campo y de la gente, uno empieza a tener otras prioridades, y uno puede fallar a los mismos principios por los cuales llegó a ese puesto.

¿La desconfianza de los costarricenses es responsabilidad del modelo actual o de los mismos políticos?
Escuché una vez, “Hay que ser duro con el problema y suave con la persona”. La culpa es de toda la sociedad, el Estado requiere alianzas públicas y privadas, y de la sociedad civil.

¿Cómo lograr que se vuelva a creer?
Mediante acciones, un ejemplo claro, la simpatía y la cercanía con la gente logró el gane de Luis Guillermo Solís. Pero eso no lo va a sostener como presidente durante cuatro años, pero sí, sus acciones que demuestren un verdadero cambio en el país.

Desde su perspectiva, ¿cuál es la importancia de las redes sociales en la política y cómo potenciarlas?
La información es poder, y las redes sociales le dan poder a las personas.
Este va a ser un Ministerio de Vivienda democratizador de la información.

Fabiola Vargas
[email protected]
@La_Republica

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