Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 4 Octubre, 2013

Hoy la paz no es una utopía sino una exigencia perentoria para que la especie pueda sobrevivir


Presencia mundial de nuestra América

Se ha llevado a cabo en su sede de Nueva York la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un evento de esta naturaleza configura un acto ecuménico del mas alto nivel, en que los pueblos del mundo practican un auténtico ejercicio democrático en el sentido de que su voz se hace oír en todos los rincones del planeta no importa su tamaño, su lengua, su régimen político, su nivel económico, su desarrollo tecnológico e industrial, o sus raíces étnicas. Todos los pueblos pueden escucharse y confrontarse sin sentirse amenazados por el recurso a la violencia o el chantaje financiero.
Levantar la voz y escuchar la palabra del otro es ya de por sí mismo un ejercicio de democracia real. En la última Asamblea General de las Naciones Unidas fue ampliamente mayoritario el consenso de que la crisis en Siria y, en general, en todo el Medio Oriente y mas allá solo tiene una salida política. La época de la imposición por las armas y el terrorismo no hace sino agravar los conflictos.
Hoy la paz no es una utopía sino una exigencia perentoria para que la especie pueda sobrevivir. Cuando la amenaza de destrucción total se generaliza, ya no se puede focalizar; entonces la paz se convierte en un imperativo para la sobrevivencia incluso de quienes preconizan la guerra.
Es dentro de este contexto, caracterizado por una crisis económico-social que sigue golpeando a todo Occidente, por unos Estados Unidos dividido e incapaz de aprobar el presupuesto anual y cuya red de espionaje electrónico le ha valido el repudio y el aislamiento universales, que se alzó la voz de los pueblos latinoamericanos exigiendo respeto a nuestra soberanía y reclamando justicia en el comercio mundial.
Fue maravilloso y esperanzador sentir que comienza a darse una conciencia colectiva, sin por ello menospreciar la personalidad descollante de algunos gobernantes. Así, la intervención henchida de sabiduría de ese antiguo líder tupamaro Pepe Mujica convertido hoy en presidente, o la valiente voz de una dama también antigua guerrillera como Dilma Rousseff, abriendo las sesiones y advirtiendo a Obama en tono casi amenazante que Brasil sabe defenderse, o la voz del líder inca Evo Morales diciendo sin tapujos sus verdades, dieron la tónica a esa Asamblea General que, por ello mismo, dejó de ser la exhibición de una pusilánime diplomacia para convertirse en un hermoso ejercicio de ecuménica democracia ante los ojos del mundo entero.
Pero no todo son rosas en este jardín; también hay espinas y abrojos. Nuestra región sigue estando militarmente sitiada por 76 bases militares imperiales que acechan vorazmente nuestros recursos naturales (más del 30% de los que posee el planeta). Igualmente seguimos ostentando el triste récord de ser la región del mundo donde se da la mayor distancia entre los sectores sociales más ricos y los más pobres.
Este abismo, lejos de disminuir, se ha agrandado en las últimas décadas debido a la imposición de políticas neoliberales.
Solo cuando hayamos acabado con estos flagelos, todos unidos desde el Río Bravo hasta la Patagonia, podremos convertir nuestra voz en el concierto de naciones de un grito de protesta a un himno de esperanza.
 

Arnoldo Mora