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Convenciones colectivas que no debieron ser firmadas ni renovadas por los jerarcas de las instituciones, establecen privilegios

Políticas que crearon privilegios

Decisiones políticas llevaron a que en Costa Rica haya dos clases de asalariados. Por un lado están los empleados públicos que, en su mayoría, gozan de un monto por cesantía o de un periodo de vacaciones mucho mayor que el del resto de los trabajadores de la empresa privada, sin contar con que sus salarios suelen ser también mayores.
Por el otro, los colaboradores del sector privado tienen en general menos vacaciones, menos cesantía y en muchos casos ganan menos por igual labor.
A esto se llegó en el país por medio de convenciones colectivas que si bien permite la ley, no debieron ser firmadas por los jerarcas de las instituciones, para no establecer privilegios, a pesar de lo cual se siguen renovando cuando vencen, por parte de esos jerarcas.
Políticas sanas en este sentido no hubieran conducido a la actual desigualdad entre los trabajadores públicos y los privados. Sin embargo, prevalecieron probablemente las estrategias político electorales que llevan a poner en práctica el clientelismo, en claro detrimento del país y del resto de la ciudadanía que, no solo no participa del festín, sino que debe contribuir a sostenerlo.
Este tipo de concesiones que ha dado el Estado como patrono, significan una carga más para el presupuesto de esas instituciones, así como para el gobierno central, señala una nota de este medio ayer.
Las vacaciones de un burócrata en algunos casos llegan a duplicar lo que fija la ley, y a esto hay que sumar que alguien debe reemplazarlos durante esos periodos.
¿Fue esto buena administración de la hacienda pública? No. El beneficio que este clientelismo pueda haber significado para una agrupación política, se dio en detrimento del resto de la población y del país porque la realidad ha demostrado con creces que los servicios que prestan esos burócratas, con pocas excepciones, lejos de haber mejorado se han vuelto cada vez más una pesada maquinaria que retrasa todo mientras se traga los presupuestos.
Es hora, sin duda, de revisar las condiciones del festín para ir devolviendo las cosas a un justo cauce que elimine privilegios entre los trabajadores asalariados del país.

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