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Las enfermedades cardiovasculares producen la muerte de 17,3 millones de personas en el mundo al año. Tenemos el deber de cuidar los corazones ticos

Pesar en el corazón tico

Más que celebrar el Día Mundial del Corazón (28 de setiembre), deberíamos dedicar todos los días del año a tener mayor conciencia de cómo tener un corazón sano.
Si lo hiciéramos, estaríamos cambiando la realidad nacional en algo tan importante como el hecho de que hoy la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte prematura en Costa Rica.
Esto lo asegura la Asociación Costarricense de Cardiología y lo confirman cifras preocupantes de prevalencia de la presión sanguínea alta (hipertensión), alto colesterol del que popularmente llamamos malo, sobrepeso y obesidad.
Todo esto, que obedece a varios tipos de causas, nos ha llevado a que muchas personas en el país mueran por enfermedad cardiovascular ocurrida frecuentemente de manera súbita y antes de que se disponga de atención médica.
Hay factores de riesgo para este padecimiento que son más difíciles de modificar como el antecedente familiar, la edad o el sexo. Pero otros sí pueden controlarse si se produce un cambio en el estilo de vida, como vigilar la presión y el colesterol, cuidar el peso, no estresarse demasiado, no consumir alcohol y dejar de fumar.
Los hábitos de vida actuales han ocasionado que en mujeres de entre 20 y 44 años, según el índice de masa corporal a nivel nacional, casi un 60% tiene sobrepeso y obesidad, porcentaje que se eleva al 77% al aumentar la edad.
En el caso de los hombres, padece el mismo problema casi un 63% de los que tienen entre 20 y 64 años.
Estos datos de la Encuesta Nacional de Nutrición demuestran por qué debemos elevar el nivel de conciencia sobre el problema que enfrentamos y con cuánta urgencia debemos cambiar hábitos de vida.
El problema no es interno sino mundial. Las enfermedades cardiovasculares producen la muerte de 17,3 millones de personas en el mundo al año, pero cada país habrá de tomar las medidas necesarias para que su población tenga una forma de vida que la ayude a prevenir el problema.
Sin embargo, los cambios deben darse a nivel individual y familiar principalmente. Es en el hogar donde se educa el paladar de los niños para que disfruten más de los alimentos en su forma natural. Son los padres los que deben propiciar, con el ejemplo, los juegos y la actividad al aire libre.
Tenemos una urgencia como país, de favorecer un cierto retorno a comidas tradicionales que, con algunas excepciones, son más saludables y ofrecer diversión y deporte seguro, al alcance de todos, para sacar a la mayoría del sedentarismo.
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