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Martes 27 Agosto, 2013

En lo que tiene que ver con el nuevo costo que tendrá conectarse a Internet desde un celular, preocupa que la nueva tarifa restrinja el acceso de ciertos grupos


Peaje a la información

Es poca la diferencia que existe entre el cobro por descarga que hacen dos de los principales operadores telefónicos, respecto al peaje pretendido por OAS para construir la autopista de San José hacia San Ramón.
En ambos casos, quien quiera hacer uso de una infraestructura moderna y fluida, deberá pagar por ese servicio.
En el caso de la tarifa por descarga, puede verse como un peaje a la información.
No satanizo la decisión, pero sí roza un tema ideológico del acceso que debería tener un usuario a un servicio que promueve la educación y el desarrollo.
Respeto que las empresas quieran aplicar este esquema, que resuelve el problema de saturación de redes.
Es injusto que un grupo pequeño de usuarios consuma en su mayoría la capacidad de la red, y en eso acepto el punto del operador.
Si ellos pagaran por consumo, la empresa tendrá más recursos para reinvertir en equipos, ampliar capacidades y elevar la velocidad de la red.
En tanto, el resto de los usuarios mejorará la experiencia, porque menos personas estarán descargando de Internet.
Sin embargo, apelo al romanticismo de un esquema de desarrollo que favorezca la igualdad.
Para verdades el tiempo, pero creo que esta decisión presionará la brecha de conocimiento entre el grupo de personas con altos ingresos, y aquellas desfavorecidas.
En el análisis de las razones que empujan a que la brecha entre ambos grupos se ensanche, está la educación como principal factor.
El mercado laboral crece solo en el sector de trabajo calificado, mientras que los no calificados ganan cada vez menos, y la cantidad de puestos también decae.
En lo que tiene que ver con el nuevo costo que tendrá conectarse a Internet desde un celular, preocupa que la nueva tarifa restrinja el acceso de ciertos grupos.
Si esto sucediera, el impacto que tendría en la brecha de desigualdad aumentaría a un ritmo mayor.
Aquí debería aparecer el famoso Fonatel, invirtiendo sus dineros ociosos, en construir redes alrededor de los centros de enseñanza básica y superior.
Resultaría ideal escuchar una propuesta de bibliotecas tecnológicas, que permitan a quienes deseen, utilizar estos lugares para estudiar y mejorar sus conocimientos.
De esta forma, tendrá el estudiante pobre condiciones similares que aquel con más ingresos.
Eso mitigaría una eventual consecuencia negativa, para el caso de aquellos estudiantes que usan Internet celular para fines académicos.
Para mí, esta situación es una muestra más de nuestra contradicción en el modelo de desarrollo.
Sin manifestarme a favor o en contra de este esquema de cobro, es contradictorio que lo que es bueno para las operadoras, no sea bueno para OAS; o viceversa para quien apoye la filosofía contraria.

Daniel Chacón

Editor Ejecutivo
La República