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Sábado 7 Junio, 2014

Señor Presidente: No se embriague del dulce licor de la confianza, el millón trescientos de votantes no representa lealtad hacia usted, sino hacia Costa Rica


No se embriague del dulce licor de la confianza

La agria y dura luz de la realidad nacional nos lleva a que en tiempos revueltos siempre es peligroso el hacerse visible. Ha sido don Luis el ciudadano electo como Presidente más votado en la historia costarricense, en una coyuntura en donde le ayudaron las injusticias que le fueron infligidas al pueblo hasta el 7 de mayo por las tiendas verde y blancas, sumadas a elementos de esperanza que su equipo desarrolló.
He de respetar su investidura, mas la de líder sigo sentado esperando, como aquel niño sentado sobre el león de la estatua de Cortés en La Sabana esperando conocerla.
No han pasado los 100 primeros días y he de preocuparme por los pasos de torpeza que ya ha dado, un gabinete nombrado en tres etapas cuando desde el 2 de febrero en la noche usted conocía que era el virtual presidente de la República.
Es inadmisible, demuestra poca planificación en los procesos de transición entre jerarcas de menos de 72 horas, es inadmisible que su partido no estuviera preparado como ventilaron por años para solventar las primeras crisis, como la heredada con los educadores, no se han realizado oportunamente nombramientos en juntas directivas, y representantes en el exterior.
Son inadmisibles los torpes pasos como en la huelga de educadores, un día en la acera de ellos y el otro al frente refutando, al punto que la Iglesia católica a la cual le ha dado usted la espalda rompiendo tradiciones, fuera su salvador.
Se inicia a sospechar ya oscuramente en pasillos en tan poco tiempo que la sed de poder en ocasiones ciega la esencia de la política, debe el oficialismo utilizar su “excelso” olfato político; un partido que requiere demostrar su madurez, sus bases y principios.
Privilegios de la clase política que por años han criticado hoy los abrazan, códigos de ética sin firmar y entretelones que brincan a la luz pública.
La llegada de un nuevo rostro a la silla de Zapote siempre ha agitado con hermosura las banderas pero, don Luis Guillermo, ocupamos un presidente y que deje la ya denominada tercera etapa de la pasada campaña electoral. No somos el “pueblo domesticado”, como un relámpago anunciando una gran tormenta, un gran descontento pesa desde hace tiempo, como una nube negra, sobre todo Costa Rica, y solo con líneas de comunicación claras y concisas sin contradicciones entre usted, sus vicepresidentes y ministros se puede entender qué están haciendo.
Es inadmisible que un caballero como se refieren de usted no sea leal a lo que promete y ejecuta, en referencia a la DIS. El pueblo ve en usted el Hércules que aparte, por fin, a un lado, los gigantescos peñascos de carencias, donde se vacila, se goza pero el pueblo nada gana entre banderas que se izan, galas, fallas de protocolo y contradicciones. Los principios y las raíces afloran en el espíritu de los políticos. Señor Presidente: No se embriague del dulce licor de la confianza, el millón trescientos de votantes no representa lealtad hacia usted, sino hacia Costa Rica.

Erick Quesada