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Corregir fallos en el sector público podría significar justamente la continuidad de la entidad y el fin de las críticas

Mucha retórica y poco rendimiento

Algunas instituciones públicas necesarias para la buena marcha del país, deben seguir brindando servicios pero adecuarse a los tiempos y a las condiciones de la economía nacional, dando una prestación de alta calidad al menor costo posible. Deben ser un ejemplo de lo correcto y eficiente. Esto es lo que podría mantenerlas vivas, no una retórica infructuosa.
Esto siempre será posible si la entidad cuenta con buen administrador, cero desperdicio de recursos de cualquier tipo, personal probo y calificado, adecuadas supervisiones a las labores y acierto en el cumplimiento de su misión.
El otro factor indispensable para que lo anterior pueda darse es que tengan completamente erradicado el clientelismo político u otras formas de desviación de los recursos que los costarricenses aportan mediante el pago de impuestos.
No obstante, y ante las apreciaciones de los críticos, algunas de esas instituciones se empeñan en continuar por la misma senda utilizando tiempo y recursos para defender lo indefendible en vez de reconocer posibles errores y enmendar su forma de operación.
Es curioso porque hacerlo, corregir fallos, podría significar justamente la continuidad de la entidad y el fin de las críticas. ¿Será que prefieren utilizar el talento del que disponen para argumentar débiles defensas que escabullen las principales críticas por medio de enredados planteamientos tendientes a confundir?
Esto es lamentable. Lo que los costarricenses querrían como fruto del trabajo de las instituciones públicas es un comportamiento, una actitud, una eficiencia y unos frutos tan irrefutables que no dieran oportunidad a crítica alguna.
No es justificable que un funcionario público gane menos que lo que gana otro en el sector privado ante la misma labor. Ni siquiera es justificable que ambos ganen menos de lo correcto de acuerdo con la condición del costo de la vida en el país.
Tampoco es aceptable que a alguien se le aumente el salario solo para retenerlo en un puesto ante una amenaza de abandono. Costa Rica tiene muchísima gente de gran capacidad y conocimientos deseosa de aceptar un cargo por un salario justo (ni menos ni más).
La administración pública con honrosas excepciones está muy necesitada de ingredientes como probidad, altruismo, espíritu de servicio, eficiencia, entre otros valores que deberían ser primordiales junto al conocimiento a la hora de contratar y de supervisar labores.
Esta es la gran tarea pendiente, visible a todas luces para los contribuyentes, de la mayoría de los jerarcas.


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