Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 22 Junio, 2012


Mediterráneo y política

El Mediterráneo es algo más que un mar: es la cuna de la Cultural Occidental, cuyas raíces son la filosofía griega, la espiritualidad bíblica y el derecho romano. De ahí que el Mediterráneo se haya convertido en uno de los epicentros de la geopolítica mundial. Ningún Estado que pretenda ser reconocido como potencia puede eximirse de tener allí una presencia política, comercial y militar.
Por esta razón, lo que pasó el domingo en la Cuenca del Mediterráneo con la celebración de elecciones, trascendió la política local. Los medios internacionales se hicieron eco profusamente de ese evento. Más aún, las potencias mundiales y sus organismos financieros intervinieron descaradamente. Se preconizaba que esas elecciones eran “democráticas”. En realidad, en mi opinión solo en Francia lo fueron.
Pareciera que en Grecia los ciudadanos acudieron a las urnas bajo el terror de represalias económicas y en Egipto ante las bayonetas. El ejército egipcio (al igual que en Guatemala, Honduras y Colombia) aparentemente es un emporio empresarial. Pertenecer a él puede significar para algunos formar parte de la elite que lucra de los negocios más pingües, que incluyen el lavado, el contrabando y la corrupción. Cuando los países quieren usar su ejército como su arma más eficaz, para el terrorismo de Estado, necesitan guardar las apariencias y legitimarse, lo cual implica tener un poder legislativo complaciente y un poder judicial cómplice.
Hablar de “democracia” en un contexto semejante es atentar contra el más elemental sentido común. Lo acaecido en Grecia no anda muy lejos; pero allí se emplean otras armas. El pueblo griego, cuna de la democracia en la Atenas de Pericles, fue amenazado con ser reducido a la hambruna, por la canciller Merkel, por el presidente Obama, por el FMl y el BCE en apoyo a la oligarquía local. Unas elecciones en esas condiciones en mi opinión son inválidas. Todo régimen político, para que sea legítimo ética y jurídicamente, es “un contrato social” que expresa la “voluntad general” (Rousseau).
En los cursos sobre contratos, tanto en moral como en derecho, se enseña que todo contrato hecho bajo los efectos del terror no acarrea responsabilidades, tanto civiles como penales y políticas, en quien se somete a él sino en quien lo impone. Hablar de “elecciones democráticas” en estas circunstancias no pasa de ser una broma de mal gusto.
Aun así, el movimiento popular estuvo a punto de ganar las elecciones. Solo tres puntos separaron a la derecha de la izquierda. Esta, con una entereza patriótica digna de ser emulada, se negó a legitimar un supuesto gobierno de “unidad nacional” (?). La izquierda griega ha aniquilado la pseudosocialdemocracia, reducida a ser un furgón de cola de la oligarquía, tanto en Grecia como en España y Portugal. Son ya la oposición en el Parlamento, pero la mayoría en el sentir popular. Porque hoy la democracia real, gracias a los indignados del mundo entero, solo radica en aquellos partidos que se hacen eco del clamor de las calles.
 
Arnoldo Mora