Medir rendimiento en el Estado
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Los costarricenses parecen decididos a apoyar solo medidas que busquen corregir errores y equilibrar las finanzas públicas, sanear instituciones, evitar duplicaciones y propiciar un Estado eficiente
Medir rendimiento en el Estado

Ayer hablábamos en este espacio de un problema en el sector público que origina inconvenientes y dificultades a los habitantes del país de un modo u otro, en forma directa o indirecta: la falta de control por parte de las jefaturas y de los máximos jerarcas sobre el rendimiento de los empleados.
Es decir, un problema creado por los políticos. Son estos los que, desde el poder, nombran ministros, miembros de juntas directivas y otros jerarcas. Son estos los que no piden cuentas luego a esos jerarcas sobre el resultado de medir el rendimiento de los funcionarios del sector, o peor aún, permiten la ineficiencia, en aras de obtener ventajas o buenas voluntades, que casi siempre se relacionan con los procesos político electorales.
Las consecuencias de este proceder las sufren los costarricenses de varias formas. Mientras financian con el pago de impuestos los salarios de esos funcionarios, que en algunos casos, como lo indica una nota de este medio ayer, son superiores a los del sector privado en circunstancias semejantes, deben sufrir la lentitud de la burocracia ineficiente.
Por otra parte, el aumento de las plazas en el sector público, sin estudios previos para definir dónde era necesario el incremento y dónde con más eficiencia podía darse más bien una merma, no mejoró la calidad de los servicios pero sí generó una fuerte presión para que se paguen más impuestos.

Hay un incumplimiento muy claro de los gobiernos, además de una mala administración de los dineros públicos. Los graves problemas que en este sentido se han evidenciado en la Caja de Seguro Social, por ejemplo, se dan también en diferentes medidas, en otras instituciones del Estado.
Lo único que puede destacarse como positivo en todo esto, al menos hasta ver si algunas medidas comienzan a dar resultados, es el hecho de que la ciudadanía lo tenga hoy muy claro y no esté ya dispuesta a seguir siendo maltratada por administraciones que anteponen intereses espurios, como los de carácter electorero, entre otros, para continuar la práctica del clientelismo, de la desidia, y el incumplimiento de funciones y de promesas de campaña.
Todo lo anterior, incrementado en los últimos años, ha llevado a Costa Rica a un punto de déficit fiscal en el cual no tendría por qué estar.
Por ello ahora los costarricenses parecieran decididos a apoyar solo aquellas medidas que busquen corregir los errores y equilibrar las finanzas públicas, sanear las instituciones, evitar las duplicación de instituciones y propiciar el surgimiento de un necesario Estado eficiente.

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