Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 30 Mayo, 2012


Hablando Claro
Medalla a la vida


En el contexto del mundo bipolar agonizante de 1984, Centroamérica vivía con cruel intensidad los fragores de las guerras y las convulsiones de la inestabilidad política y social. Me atrevería a asegurar que en aquellos años, los periodistas costarricenses, especialmente los más jóvenes que no llevábamos en el alma la marca del 48, no teníamos mucha conciencia de los entrañables riesgos del oficio que habíamos abrazado. Pero llegamos a conocer de cerca los peligros de las balas y las bombas en los conflictos bélicos de El Salvador y Nicaragua. Y por supuesto, también en nuestro propio suelo. Porque las dos guerras nicaragüenses de aquellos años, también se libraron en nuestro suelo.
Muchos de los poblados que recorrí hace unos días en la observación de los inacabados trazos de la ruta 1856, como Medio Queso, Boca Tapada, Pocosol y la boca del San Carlos, así como un sinfín de otros recodos del norte, fueron lugares comunes de acampamiento de la guerrilla y de la contra, tanto como el mismo Pico Blanco de Escazú. Sin ir más lejos.
Pero aun viviendo la adrenalina de cubrir los hechos del conflicto o tal vez por esa inyección de la química alentando la inacabada búsqueda de los hechos, no padecíamos de amedrentamiento. No hasta el 30 de mayo de 1984, hoy hace 28 años.

Nuestros colegas habían ido a la conferencia de prensa de La Penca, al otro lado de las controversiales aguas limítrofes del San Juan, convocados por el emblemático y entonces respetado Edén Pastora (¡quién iba a decirlo!). Recuerdo que en la mesa de edición yo esperaba el reporte de la noticia que daría el Comandante Cero. En su lugar, el país entero recibió un golpe cruel. Un falso periodista infiltrado en el grupo había hecho explotar una bomba. Murieron cuatro guerrilleros, una periodista norteamericana, el camarógrafo y el asistente del informativo de Canal 6 (Notiseis) y muchos de nuestros colegas quedaron malheridos. Algunos con amputaciones. De todos ellos, Nelson Murillo y Roberto Cruz abanderaron la lucha por esclarecer el crimen. Roberto Cruz murió en 2003, sin conocer la justicia. Igual que don Carlos Vargas Gené.
Y Nelson Murillo sigue adelante. No ha cejado ni un momento en la batalla. Y esta noche el Colegio de Periodistas de Costa Rica le concederá la Medalla a la Libertad de Expresión José María Castro Madriz por su “apoyo excepcional al desarrollo de la comunicación social en Costa Rica”; lo que en realidad no refleja en su justa dimensión —para quienes no tienen el privilegio de conocerlo— su valor, coraje, determinación, empeño y alegría de vivir como un ser humano honesto y responsable. Como un profesional ético a carta cabal y como un ciudadano insigne de la democracia.
¡Salud Nelson! Quiera Dios; por vos, por los demás colegas que también resultaron víctimas, por el periodismo y por nuestra democracia, que podás asistir también a la reivindicación de la justicia de ese vil atentado contra la Patria.

Vilma Ibarra