Madres y sexualidad
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La sexualidad no es el derecho a un acto físico que produce placer, sino una parte del placer al cual adquirimos derecho si ejercemos nuestra sexualidad en forma responsable

Madres y sexualidad

El Día de la Madre, que celebramos hoy, podría ser, si así lo quisiéramos, el inicio de una reflexión que nos lleve a vivirlo como algo más que un día feriado y un regalo.
Podríamos regalarnos unos minutos para pensar en cómo se es madre. Es decir, como se toma la decisión de concebir, para lo cual deben intervenir dos voluntades, las de ambos miembros de una pareja que decidió hacerse una y tener un hijo para criarlo amorosamente en un hogar.

A partir de ese acto de amor es que existe el ser humano y a partir de esos hogares y de los principios y cuidados que en ellos se da a los hijos es que se conformaron las sociedades.
Es ahí donde aprendemos a vivir, a asumir las consecuencias de nuestras actitudes y decisiones, a saber que tenemos derechos pero también deberes y, entre otras cosas, es ahí donde deberíamos comprender la trascendencia de nuestros actos en todos los aspectos de la vida.
La evolución de las sociedades, sin embargo, ha llevado a situaciones donde una especie de vacío en muchos hogares con respecto a esa función primordial de las madres y los padres, que es la formación de los hijos, deja a estos a merced de todas las deformaciones que suelen provenir de otros espacios, ajenos al hogar, fuente primordial este de la adquisición de principios y valores.
Se ha pensado ahora que una mayor instrucción en las aulas puede revertir la situación y salvar a miles de niñas que, casi sin conciencia de la responsabilidad que ello entraña, se transforman en madres dando a luz a otros niños y niñas que luego, en muchos casos, son criados por alguna abuela (si es que esta no trabaja) o por una cuidadora contratada para ello, si el presupuesto familiar lo permite.
Esa desintegración familiar, esa proliferación de niños nacidos de un acto irreflexivo producto de una educación deficiente, difícilmente puede ser reconstruida como no sea retomando al ser humano como algo integral, incluida su sexualidad.
Pero vista esa sexualidad no como el derecho a un acto físico que produce placer, sino como un placer al cual podemos adquirir derecho si somos capaces de ejercer nuestra sexualidad en forma responsable. Pero esto solo ocurre una vez que nos hayamos formado para ello y asumamos entonces la total responsabilidad por nuestros actos. Es decir, una vez que seamos capaces de proporcionar un hogar cargado de amor y de enseñanzas para aprender a vivir, a ese o esos hijos que vendrán.
Intentemos pues celebrar hoy el Día de la Madre, reflexionando sobre la mejor forma de reconstruir hogares donde haya padres capacitados y con posibilidades de formar hijos.

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