Enviar
Viernes 14 Junio, 2013

La diferencia de poder (real o socialmente asignado) es lo que finalmente está detrás de cada acto de violencia


La responsabilidad de la víctima

“Señora, no deje que la golpeen; muchacho, no deje que lo asalten; niña, no deje que la violen”. Estas expresiones nos pueden parecer absurdas e irracionales, y sin embargo, es lo que pasa día a día: ponemos la responsabilidad en la víctima y no en el victimario y en las autoridades encargadas de evitar que estas situaciones sucedan.
¿O no ha escuchado decir que a determinada mujer la violaron porque “se lo andaba buscando”?, ¿o que a otra le gusta que le peguen? ¿No se escandalizó medio país recientemente porque a un joven asesinado lo acusaron de exponerse?
Hoy día, si salimos a la calle corremos el riesgo de que nos asalten, pero sería ridículo decir que la culpa es nuestra por haber salido, o por quedarnos en la casa si es que se meten a robar en ella. Sin embargo esa parece ser la lógica dominante.
En los casos de acoso laboral, por ejemplo, los empleadores suelen disfrazar el problema (a los otros y a sí mismos) como simples casos de indisciplina o conflictos entre dos o más personas.
Lo que se niegan a ver es que para que sea un llano conflicto, debe ser entre pares y esto no se da cuando hay desequilibrios de poder, donde uno usa su cargo, sus contactos y hasta sus órdenes para atacar al otro.
La diferencia de poder (real o socialmente asignado) es lo que finalmente está detrás de cada acto de violencia.
El hombre armado tiene una ventaja segura sobre el comerciante en su tienda, el grupo de acosadores tiene superioridad numérica frente a la joven que camina solitaria. Siempre el poder está de fondo.
El problema no es solo este, sino que luego de los actos de violencia (o durante estos) los agresores responsabilizan a su víctima y muchos observadores supuestamente neutrales les creemos el discurso.
Así, el abuso sexual fue causado por un pantalón ajustado o una falda corta, la persona acosada en el trabajo se convierte en un insubordinado, el que mataron en el asalto es un idiota por tratar de defenderse y el que denuncia siempre se busca gratuitamente un problema.
Se habla de revictimización cuando las instituciones sociales obligan a la persona agredida a revivir innecesariamente los actos de violencia (narrarlos, detallarlos, estar frente el agresor). Pero también se revictimiza cuando la corresponsabilizamos con nuestras palabras, obras u omisiones.
Los victimarios son los que cometen abuso de poder y agresiones contra otras personas, pero también lo somos nosotros, cuando miramos despectivamente a la víctima y pensamos “ella se lo buscó”.

Rafael León Hernández

Psicólogo