Enviar
Viernes 26 Octubre, 2012

La precarización laboral en Costa Rica

Sin duda alguna, el sistema económico actual llevado al extremo, la globalización y los ajustes estructurales aplicados en los últimos años en nuestro país han empobrecido a una enorme capa de la población y nos ha convertido en uno de los países con mayor desigualdad en el continente.
El capital transnacionalizado es hoy el que comanda en Costa Rica, aplicando sus propias leyes laborales y pasándole muchas veces por encima al Código de Trabajo. Estas formas de manejar los aspectos políticos y económicos, además de la profunda mercantilización, han acelerado las transformaciones más drásticas y hemos pasado de ser un país con un Estado solidario, con servicios públicos de alta calidad, a un Estado raquítico e incapaz de responder a las necesidades y demandas más básicas de la población.
El Estado costarricense se ha convertido, en mi opinión, en un servidor del capital foráneo, representado por pequeños grupos o élites gobernantes que se sirven de la institucionalidad para aplicar las nuevas medidas importadas por el gran capital extranjero, en detrimento de las clases trabajadoras.
Todo este desmantelamiento estatal y los cambios económicos profundos que entraña han empeorado las condiciones laborales de miles de compatriotas.
La precarización laboral y el desempleo vienen conformando un ejército de reserva desmedido y en constante crecimiento. Una enorme cantidad de trabajadores está desempleada o tiene trabajos precarios que no le permiten vivir dignamente. Por otra parte, muchos otros realizan actividades en la economía informal, sin ningún tipo de protección ni garantías, y esto los pone en una situación social de alto riesgo, y al país en una coyuntura delicada.
Lo más tormentoso es que este fenómeno se extiende por todo el país, alcanzando a las mismas instituciones públicas que antaño eran defensoras y respetuosas de los derechos laborales, pero que hoy se comportan como tiendas comerciales al estilo navideño, contratando personal por temporadas, especialmente a jóvenes, víctimas directas de esta descomposición social, económica, política y cultural que nos carcome lentamente.
La solución no es fácil pues los grupos hegemónicos controlan todo y seguirán aplicando las medidas precarias en todos los sectores para seguir atrayendo la inversión extranjera.
Seguirán con el cuentito y la cantaleta de los últimos años: que las conquistas sociales y los derechos de los trabajadores nacionales son “privilegios”, “gollerías” y “abusos”.
Sin embargo, lo más absurdo es que, mientras estas élites empresariales y políticas sigan impulsando este sistema sin garantías ni protecciones, se está creando el ambiente idóneo para convertir a Costa Rica en un verdadero campo de batalla y una vergüenza a nivel internacional.
La realidad es paradójica: por un lado, levantamos la bandera de la democracia y, por el otro, no tenemos el más mínimo interés de defender, y menos devolverles la dignidad laboral, a miles de compatriotas.

Dorian Camilo Valladares Varela
Educador