Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 27 Enero, 2014

Solo la productividad puede resolver la disyuntiva entre producir y distribuir


Disyuntivas

La eficiencia concilia las diferencias

Los programas de gobierno, los debates, la historia de cada partido político y de sus candidatos, muestran al elector perspicaz sus diferencias. Esto a pesar de que los contendientes traten de representar —en cada tema— las posiciones más populares, no importando cuán contradictorias puedan ser entre ellas.
Algunas contradicciones son insuperables. No se puede simultáneamente satisfacer el compromiso con el Estado de Derecho y la promesa de complacer todas las demandas de los electores, aunque sean apoyadas por la mayoría. Si se irrespetan los derechos fundamentales de las minorías, esas demandas serían contrarias en su esencia al Estado de Derecho. Ahí no queda más remedio que escoger, como ocurre en nuestros afanes cotidianos.
Para algunos electores la acción pública debe estar encaminada a disminuir la pobreza y la desigualdad con mejor distribución de la riqueza. Para otros, el objetivo debe ser el crecimiento económico con la apertura y el funcionamiento de mercados libres.
Ambas posiciones parecen contradictorias a simple vista: si se distribuye más se afectan los incentivos para invertir y crecer. Sin embargo, en el discurso proselitista algunas de las alternativas electorales acogen ambos objetivos. ¿Puede resolverse esa contradicción? Claro que sí, y es importante hacerlo porque debemos avanzar en el logro de ambos objetivos.
¿Cómo? Aumentando la eficiencia y la productividad. Así, con la misma cantidad de trabajadores, de máquinas y demás bienes de capital, y con los mismos recursos naturales podríamos obtener una mayor producción de bienes y servicios. Al agrandar el tamaño del queque que se elabora y se debe repartir, se puede aumentar más el tamaño de las tajadas de los más pobres y de la clase media, sin afectar el sistema de incentivos que promueve la inversión, la creatividad, la innovación y el progreso.
Hace más de un año publiqué una serie de columnas sobre la necesidad de cambiar nuestro modelo económico basado en la promoción de las exportaciones y la inversión extranjera, por uno sustentado en el fomento de la productividad.
Señalé entonces que nuestro crecimiento se ha venido sustentando en el crecimiento de la fuerza laboral y la cantidad de capital, y no en el mayor rendimiento de esos factores de la producción. Esa tendencia se agravó durante la última década.
Para revertir esa circunstancia es preciso actuar con reformas estructurales que promuevan un mejor uso de nuestro trabajo, capital y recursos naturales.
Una mejor infraestructura, educación de mayor calidad, tramitología favorable a la inversión, la competencia y la innovación y una burocracia eficiente son indispensables para aumentar la productividad y la eficiencia de nuestra economía. Para ello también deberíamos resolver nuestros problemas fiscales y adoptar un mejor sistema cambiario. Así podríamos disminuir la pobreza y con mayor movilidad social acortar la desigualdad y, al mismo tiempo, acelerar nuestro crecimiento económico.
Solo la productividad puede resolver la disyuntiva entre producir y distribuir.

Miguel Angel Rodríguez