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Sábado 1 Junio, 2013

Se siguen nombrando miembros de juntas directivas, ministros y en otros puestos no por las capacidades de las personas, sino por las relaciones e influencias


La crisis de ingobernabilidad y de liderazgo

Nuestro país vive una crisis de liderazgo e ingobernabilidad por diversas razones. El término ingobernabilidad se relaciona con la incapacidad del Gobierno para responder a las demandas de bienestar. La ingobernabilidad tiene su fundamento en la idea de “disfunción”. Existen criterios disfuncionales de la ingobernabilidad: uno la visualiza como el resultado de un exceso de exigencias sociales, que obstruyen los procesos gubernamentales y merman la capacidad de servicio público. Gobernabilidad e ingobernabilidad son identificados como partes del mismo proceso político, la primera como función, la segunda como disfunción.
En otro enfoque la ingobernabilidad es concebida como el producto de la crisis de gestión del Gobierno y de la degradación del apoyo político que le ofrecen los ciudadanos. Gobernabilidad e ingobernabilidad son identificados como partes del mismo proceso político, la primera como función, la segunda como disfunción.
En el caso de nuestro país los gobernantes no tienen la confianza necesaria para lograr los cambios que el país necesita y se da una incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace, como las promesas políticas para disminuir la pobreza, mejorar la seguridad ciudadana, mejorar la infraestructura vial, combatir la corrupción.
De las situaciones más críticas es la inseguridad ciudadana, ya no se vive con seguridad en las casas y mucho menos en las calles.
En lo económico, nos regimos por la ley de los grandes números, y a lo que se le da énfasis es a la estabilidad macroeconómica, no importa que crezca la brecha entre los que más tienen y los más pobres.
Se propicia básicamente el crecimiento económico y con excepción de algunos programas como Avancemos y el del bono de la vivienda, no se ve un esfuerzo integral para disminuir la brecha entre ricos y pobres y mejor la situación de la clase media. Llama la atención que se hacen propuestas en la campaña política, que luego no se pueden cumplir porque no se tiene el sustento económico.
Se carece de un Modelo de Desarrollo País, que permitiría lograr un mayor consenso sobre el rumbo que se debe dar a la nación y cuáles son las soluciones adecuadas en el mediano y largo plazo, independientemente del partido que esté en el gobierno.
Aunado a que no hay rumbo claro para el país, con una gran problemática de gobernabilidad, afectada por el accionar de la Asamblea Legislativa, las contradicciones y mal manejo del Poder Ejecutivo, el partido Liberación Nacional convertido en una máquina electoral, sin ideas claras, la oposición fragmentada y sin líderes, por lo que es necesario que se tomen las acciones necesarias con la participación de la sociedad civil, los partidos políticos, el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, para poder sacar el país adelante.
En cuanto a las decisiones y acciones de los políticos, siguen siendo poco transparentes. Se sigue nombrando miembros de juntas directivas, ministros y en otros puestos no por las capacidades de las personas, sino por las relaciones e influencias. Nuestro país carece de líderes y estadísticas que nos guíen. Como hacen falta líderes con la visión de estadística de José Figueres que promovió el modelo de desarrollo para Costa Rica, la fortaleza de Braulio Carrillo, la honestidad de Francisco Orlich y la sensibilidad social del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia.

Bernal Monge Pacheco
Consultor