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Jueves 18 Diciembre, 2014

Las campañas estatales “anticorrupción” solo son redadas contra los opositores


La corrupción está para quedarse

Transparency International (TI) dio a conocer el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) 2013 basado en 17 estudios que aportan datos sobre la opinión de expertos y clasifica a 177 países en una escala de 0 —donde la percepción de corrupción es más alta— a 100 —donde es menor. Dinamarca con 92 puntos quedó en el primer puesto como el país percibido como más transparente del mundo. Corea del Norte con ocho puntos quedó en la posición 174, como el más corrupto del planeta.
En América, Canadá es el mejor calificado en la posición diez mientras que EE.UU. ocupa la 17. La lista al sur del Río Grande está encabezada por Chile y Uruguay en el puesto 21, mientras que Costa Rica ocupa el 47; Brasil, el 69; Colombia y Panamá, el 94; Bolivia y México, el 103; Argentina, el 107; Guatemala, el 115; Honduras quedó en el 126; Nicaragua en el 133, Paraguay en el 150 y Venezuela en el 160.
Tiene razón TI al decir que la corrupción es un problema básicamente estatal pero se equivoca al creer que el mismo Estado puede solucionarlo.
Cuál es el origen de la corrupción. En el mercado natural —el del orden de la naturaleza estudiado por la metafísica— las relaciones entre las personas son voluntarias y así se produce la eficiencia porque, por caso, el vendedor de un camión vende porque el dinero le resulta útil para seguir fabricando mejores vehículos y al repartidor de alimentos le sirve el camión para potenciar su reparto pudiendo bajar los precios a la vez que aumentar sus ganancias.
Cuando el Estado —el monopolio de la violencia siempre destructivo, dice la metafísica— utiliza su poder para intervenir en el mercado, produce dos efectos, primero termina con la eficiencia al imponer lo que las personas no harían para provecho propio y de los demás, y segundo, promueve la corrupción desde que el funcionario tiene el poder arbitrario de modificar la suerte y fortuna de los ciudadanos que se verán compelidos a sobornarlo con lo que, irónicamente, alivian la situación antinatural creada por el Estado, del mismo modo que el mercado “negro” —ilegal— descomprime la violencia estatal sobre las personas.
El IPC básicamente coincide con la lista de “libertad económica”, es decir, los países más transparentes son los más “libres”, o sea, los países cuyos mercados están menos interferidos por el monopolio de la violencia. Como caso sintomático podemos observar al más corrupto, Corea del Norte, que no tiene diferencia racial, ni cultural, ni de ninguna clase salvo la falta de “libertad económica” con respecto a Corea del Sur que es más rica y más transparente al punto que con 55 puntos ocupa el puesto 43 en el IPC.
Así, la corrupción es inevitable y existirá en la medida de la intervención coactiva del Estado. Es ingenuo pensar que se combatirá con leyes más duras o instituciones más fuertes porque es utópico pensar que organismos como la “justicia” estatal o las “oficinas anticorrupción” pueden ser independientes de quien los financia: el poder ejecutivo.
Las campañas estatales “anticorrupción” solo son redadas contra los opositores. China bajó del puesto 80 al 100 a pesar de haber encarado una campaña castigando a más de 80 mil personas, incluida una condena a muerte, y los analistas coinciden en que la campaña está siendo utilizada por el presidente para acaparar un poder sin precedentes desde Deng Xiaoping.

Alejandro A. Tagliavini

alextagliavini (@alextagliavini)