Arturo Jofré

Arturo Jofré

Enviar
Viernes 18 Octubre, 2013

Hay un ambiente de impotencia por una agenda-país que se ha acumulado por décadas sin atención, y una masa electoral muy grande a la que se le ha quitado la ilusión


La autodestrucción de los partidos

¿Qué está pasando en Costa Rica que los partidos políticos luchan por autodestruirse? Se esperaría que los “enemigos”, los competidores, estén en la acera de enfrente, pero no, no es necesario. Curiosamente cada partido se ataca a sí mismo con una eficacia de tal categoría, que no se necesitan contrincantes externos.
Es un suicidio social. “En la vida trágica, Dios lo sabe, ¡No es menester de ningún villano!... Somos traicionados por lo que hay de falso adentro”, escribía George Meredith en la época victoriana.


Rara vez esta autodestrucción es por razones ideológicas, por visión de país, por razones éticas superiores. A veces las disputas, como los regalos, se envuelven en finos papeles que representan esas loables razones, pero lo que viene adentro no lo respalda.
En la mayoría de los casos son luchas intestinas que no tienen al país como centro real de preocupación, sino intereses personales.
Estas divisiones, tan de moda, obviamente no son nuevas, pero la acumulación de ellas en tan poco tiempo son preocupantes.
Uno pensaría que los partidos pequeños deberían estar menos expuestos a las divisiones, que su mismo tamaño los invita a ser cohesivos, a unir esfuerzos para algún día llegar a gobernar el país. Sin embargo, varios de ellos se han mostrado muy frágiles.
En un momento en que las ideologías han perdido espacio para muchos electores, la estatura de los candidatos y de los dirigentes políticos, sus trayectorias, sus actuaciones, sus obras, son relevantes.
Observando los últimos torbellinos de la política, se me vino a la memoria uno de esos pequeños actos que son más útiles que una lección de educación cívica.
Cuando se le preguntó al profesor José Joaquín Trejos si ya había pedido permiso como académico de la Universidad de Costa Rica para dedicarse a la campaña presidencial, su respuesta fue categórica: “Permiso no, he renunciado”. Sin comentarios.
No solo los pequeños partidos se autodestruyen. Por divisiones internas Liberación entregó en bandeja de plata la presidencia a Mario Echandi y contribuyó a la elección de Rodrigo Carazo.
El éxodo de Ottón Solís de Liberación, con una bandera ideológica y ética renovadas, casi lo lleva a Zapote.
Hay muchos ejemplos de la movilidad de liderazgos en Liberación. Pareciera que el partido internamente alza líderes y, cuando se debilitan, los sacrifica. Es una forma de personificar el descontento popular no en el partido, sino en personas. La otra alternativa es que emigren, aunque sea temporalmente.
Es complicado para pequeños partidos que no han podido generar una cohesión en torno a principios fuertes y diferenciados, el convencer a la ciudadanía que están preparados para gobernar. Es complicado y peligroso.
Pero hay dos hechos que debilitan cualquier proyección: hay un ambiente de impotencia por una agenda-país que se ha acumulado por décadas sin atención; y una masa electoral muy grande a la que se le ha quitado la ilusión.


Arturo Jofré

[email protected]