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Viernes 4 Julio, 2014

No es realista depender de las reservas monetarias internacionales cuando los flujos de capitales buscan nuevos destinos


Inflación generada por devaluación

Como consecuencia de la guerra del Yom Kippur entre Israel con Siria y Egipto en 1973, se desencadena la primera gran crisis petrolera mundial. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió recortar el suministro del petróleo a los países aliados a Israel, haciendo que el precio de petróleo subiera rápidamente. América Latina inicio un proceso de endeudamiento externo dirigido a compensar los aumentos en la “factura” petrolera.
Sin haberse recuperado aún, América Latina sufre la segunda gran crisis petrolera a fines de los años setenta. La revolución blanca del sha, la consecuente revolución iraní, y la guerra entre Irán e Iraq, generaron inflación en la región impulsada por los procesos devaluativos desencadenados por los desbalances en balanzas de pagos, por la presión de financiar los déficits fiscales heredados de la época del modelo de Sustitución de Importaciones, y por la rápida salida de capitales extranjeros. La alta necesidad de liquidez internacional y el reciclaje de petrodólares de parte de la banca privada internacional, hacen a la región deslizarse hacia la afamada crisis de la deuda. Costa Rica no se escapó a estas realidades.
A pesar de que las condiciones histórico-económicas de hoy son muy distintas, la devaluación vuelve a surgir como un generador de presiones inflacionarias para las autoridades económicas del país, las cuales entran en una disyuntiva económica retadora.
La inflación podría mantenerse entre el 3% y el 5% anual, vía política cambiaria. Se pueden usar las reservas monetarias internacionales para intervenir el tipo de cambio y no generar presiones inflacionarias vía paridad de poder adquisitivo.
Sin embargo, no es realista depender siempre de las reservas monetarias internacionales en momentos en que los flujos de capitales tienden a buscar nuevos destinos como Estados Unidos por la normalización de sus tasas de interés.
Sería mejor incentivar al sector a ser más competitivos y así, generar nuevas divisas que le den más margen de maniobra al país.
Por otro lado, la reducción del déficit fiscal disminuiría la presión sobre la inflación. Consecuentemente se controlaría la presión a que las tasas de interés locales aumenten por menor endeudamiento interno y así, se reduciría la presión sobre los precios internos vía efecto Fisher.
El endeudamiento externo vía eurobonos, hace que entren temporalmente dólares frescos a la economía y logren paliar un poco el proceso devaluativo, pero una vez cambiados a colones, se pone más presión en los precios locales.
La respuesta a esta disyuntiva económica requiere disposición política hacia la planificación a largo plazo para encontrar soluciones reales a los problemas de fondo.
“La terquedad no es más que la energía de los necios’’. No podemos ser tan tercos de convertirnos en necios, y no permitirnos visualizar el resto de variables macroeconómicas que influyen sobre la inflación.


Óscar Ugalde