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Impostores

Claudia Barrionuevo [email protected] | Lunes 14 mayo, 2012



Impostores


Hace poco una mujer me contó que se había casado en su temprana juventud con un norteamericano encantador. Poco después su marido le confesó que su nombre, su edad, su profesión, o sea toda su identidad, era falsa. Se trataba de un testigo protegido por la justicia estadounidense. El divorcio fue inminente.
En 1556 regresó al pueblo de Rieux en Gascuña, Martín Guerre, un hombre que había desaparecido ocho años atrás tras ser acusado de robo. Como Ulises de regreso a Itaca luego de 20 años, su Penélope, le había sido fiel y lo recibió exultante de alegría. No debía ser fácil ser una mujer sola en el siglo XVI.
Bertrande, su esposa, estaba segura que Martín había retornado: la misma sonrisa, tamaño, cicatrices, color y el conocimiento total de su biografía y la de los demás. ¿Fotos? No existían en esa época y los campesinos no podían pagar retratos.
La felicidad volvió a la vida de la pareja que, además del hijo que habían tenido antes de la desaparición, procrearon dos niñas.
Todo bien hasta que… Martín reclamó una herencia a su tío Pierre Guerre que, habiéndose casado con la madre viuda de Bertrande, era también su suegro.
Ya fuera motivado por la avaricia o dudando sinceramente de la identidad de Martín, Pierre lo acusó de usurpar la identidad de su sobrino y aseguró que su pariente verdadero había perdido una pierna en la guerra.
Años después apareció el (tal vez) verdadero Martín Guerre con una pierna de madera.
Así surgió el primer y más importante proceso judicial de la historia sobre falsa identidad. Los testigos se dividieron apoyando al primero y al segundo. La balanza se inclinó a favor del recién llegado, provocando el ahorcamiento del que había retornado primero.
El Martín Guerre de la pata de palo renegó de su esposa Bertrande, ofendido por haber sido confundido y el acusado confesó su pecado antes de morir.
Conociendo los horrendos procedimientos de confesión de todos los siglos que tienen que ver siempre con el poder de los que ejercen la violencia: ¿cuál sería el verdadero Martín Guerre?
No sé. Es tarde para hacer justicia. La historia es apasionante y confirma que la realidad supera a la ficción.
Aunque, por supuesto, una historia tan rica, inspiró a muchos. “El regreso de Martín Guerre”, protagonizada por Gérard Dépardieu y con guion de Jean-Claude Carriére, es ya una película de culto. Jodie Foster y Richard Gere encabezaron el reparto del remake gringo “Sommersby” ambientada en la guerra de secesión.
Los impostores forman parte de nuestro mundo. Anna Anderson pretendió ser la princesa Anastasia; David Hampton se presentó como hijo de Sidney Poitier en Nueva York; el dúo Milli Vanilli ofreció sus bellas caras aunque no sus voces para “triunfar” (igual que la niña china que cantó bajo un escenario doblando la voz de otra niña “bella”)
Hablar de impostores en Costa Rica es hablar de… ¡No, lo siento! ¡Qué pereza! Hablemos de cine y veamos “El regreso de Martín Guerre”.

Claudia Barrionuevo
[email protected]

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