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Jueves 28 Noviembre, 2013

Desmantelar las farsas y malos hábitos de las iglesias es particularmente importante y delicado cuando su influencia sobre la raza humana es tan evidente


Forma y fondo en la religión católica

Cualquier estructura desgastada debe fortalecerse si no queremos que se derrumbe fácilmente en un “terremoto”. La iglesia católica ha venido perdiendo adeptos; el modelo ha perdido sentido y recién en este pontificado es que empieza a ser reinventado. Somos testigos de más cambios de forma que de fondo; pero medimos también pasos gigantes y ambiciosos, si lo comparamos con el modus operandi del pasado.
Aunque el tan esperado primer documento del pontificado del papa Francisco, publicado este martes, se basa en las conclusiones del Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización, contiene reflexiones propias del pontífice... un papa que ha llegado a Roma rompiendo esquemas que van desde sus decisiones de dónde vivir, hasta sus demandas de descentralización de la iglesia y, profundizando en temas no explorados, al punto de pedir a los laicos que trabajan en la iglesia, que no den lugar a ese sentido de territoriedad y propiedad con el que tienden a controlar las actividades pastorales.
En esta encíclica denominada “la alegría ó el gozo del Evangelio”, impera la demanda no de anclar, sino de transformar, principalmente con cambios de actitud, el rol de la iglesia para hacer frente a las necesidades del mundo. De una iglesia distante y cerrada, se apunta a una iglesia dispuesta y “feliz” de llevar la evangelización a todos los rincones.
Las expectativas existentes sobre el papa Francisco, apuestan en buena parte a una “limpieza de la casa”. Se espera que el papa revolucione el modelo que ha venido ahuyentando a tantos feligreses, que erradique lo que no viene caminando bien, que haga públicas autocríticas y medidas serias sobre los temas sensibles como lo son los abusos sexuales, la corrupción, el enriquecimiento desmedido de la iglesia aun y cuando se pasa tanta hambre en el mundo y existe tan ineficiente distribución del ingreso entre la cúpula de la iglesia católica y laicos o ateos a lo largo y ancho de este planeta...
Católicos y no católicos esperamos ver medidas tangibles para parar esta fiesta que en lugar de risas, provoca enojo.
Me atrevo a generalizar que todas las religiones tienen “cola que les pisen”, pero la declaración en nuestra constitución, reconociendo la religión católica como oficial y, la reafirmación del compromiso por medio del concordato, que recientemente firmó la mandataria Chinchilla cuando fue recibida por el papa Francisco, sobre mantener la religión católica con dicho status en nuestro país, provocan que lo que se diga y haga en Roma, capte la atención no solo por un asunto de fe, sino también por sus implicaciones políticas, sociales y culturales en un momento en el que la sociedad ya no se conforma con cambios de forma.
Todos los líderes religiosos tienen complicados retos que enfrentar en la construcción de sus iglesias. Desmantelar las farsas y malos hábitos de las iglesias es particularmente importante y delicado cuando su influencia sobre la raza humana es tan evidente.

Alejandra Esquivel G.
[email protected]
Gerente GEFISA