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La rendición de cuentas es algo que se ha quedado en la retórica usada para las campañas políticas

Falta rendición de cuentas

Con la intención de analizar los principales retos de Costa Rica y los requerimientos que el país tendría para mejorar su productividad, la Cámara Costarricense Norteamericana y Deloitte han convocado al Tercer Foro de Competitividad que se realizará el 17 de este mes.
Sobre tres ejes girará la actividad: definición y entendimiento del modelo de desarrollo, ejecución de transformaciones y el futuro energético.
Son grandes y fundamentales temas que serán analizados por empresarios, miembros del gobierno y expertos técnicos que han de sugerir acciones tendientes a mejorar la productividad en el país y con ello el aumento del empleo como condición indispensable para elevar calidad de vida y contribuir a cerrar la brecha social.
Carencias en infraestructura, salud, educación, burocracia gubernamental, financiamiento y tramitología, entre otras, se señalan como parte importante de lo que limita el crecimiento económico y social del país.
El anuncio de la actividad se presta para, una vez más, reflexionar sobre algo en lo que ha insistido mucho este medio pero en lo cual no se avanza. Esto por cuanto es imprescindible, creemos, para el resto de los retos que se impone enfrentar.
Cuando el costarricense ejerce el voto y elige gobernantes, lo hace bajo el supuesto de que quien llegue al poder tendrá el deber de llevar a cabo las acciones necesarias para el buen funcionamiento del aparato estatal.
Sin embargo, esto no se ha venido cumpliendo. La rendición de cuentas es algo que se ha quedado en la retórica usada para las campañas políticas.
Debido a esto quienes obtienen el poder nombran en ministerios y entes autónomos a personas de su confianza. Se supone que estas deberían tener la capacidad y el aval moral para enfrentar con probidad su misión, acorde con lo que la ley le impone como obligación a cada una de las instituciones.
Posteriormente la realidad es que la ciudadanía resulta en muchos casos defraudada porque esto no ocurre así. Las instituciones siguen funcionando mal, son mal administradas, y los fondos públicos que con esfuerzo aportan los contribuyentes no alcanzan entonces para brindar los eficientes servicios a que están obligadas. Se genera el déficit fiscal.
No obstante, no hay rendición de cuentas ni se enmiendan errores.
Ojalá este tema, que anula cualquier otra buena intención, sea abordado sin pérdida de tiempo porque constituye base primordial para construir los demás retos a que está enfrentado el país.
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