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Miércoles 16 Abril, 2014

“Vivan siempre el trabajo y la paz”, pero sobre todo la justicia social, la igualdad y la honestidad nacional


Está en nuestras manos

Costa Rica está en crisis. La pérdida de valores cívicos, morales y espirituales nos gobierna. Y no es que los valores hayan cambiado. Como diría mi dilecto profesor de filosofía del derecho: Estamos inevitablemente siendo gobernados por los antivalores que han menoscabado nuestra propia identidad como pueblo y país.
Hemos permitido —lamentablemente— que la necesidad pecuniaria imponga sus detestables imposiciones. Acorde con nuestra desafortunada situación económica, producto de la mala administración y ambición personal de los gobernantes de turno, nosotros —los administrados— nos hemos visto involucrados e invadidos, sin desearlo, en la más deleznable voracidad de imposición fiscal.
Estamos invadidos de impuestos, obligaciones sociales y cargas que encarecen la producción y el desarrollo nacional. El Estado se ha convertido en una sanguijuela que se ha propuesto desangrar al administrado, con el objeto de seguir manteniendo el estatus y el crecimiento injustificado del aparato estatal, copado de funcionarios públicos innecesarios, que generan una duplicación de funciones igualmente innecesarias e inútiles.
Ahora sucede que el administrado está en función del Estado y no viceversa, como debería ser. Estamos pagando cargas tributarias de Primer Mundo, siendo un país tercermundista. Vivimos en un Estado que cobra impuestos para solventar el enorme déficit fiscal que mantiene, pero no brinda ni propone las soluciones que debería resolver.
Nuestra empobrecida situación económica se debe —en gran parte— a los delincuentes de cuello blanco que se escudan dentro de la clase política y han hecho mesa gallega con los fondos del erario público, desangrando cada vez más a nuestro Estado.
Para nadie es un secreto. La función principal de nuestro Gobierno entrante deberá abocarse —como lo he mencionado en diferentes ocasiones— a la protección y supervisión vigilada de nuestro fondos públicos y la maximización de los recursos económicos, con el objeto de decrecer el déficit fiscal y solventar —en la medida de lo posible— las necesidades de un pueblo que todavía tiene fe en nuestro sistema democrático y nuestros líderes, electos popularmente. Aunado a ello y en nuestro detrimento, nos vanagloriamos en el orgullo y falsamente hemos creído que somos una sociedad progresista y sobresaliente en Latinoamérica, sumiéndonos en las glorias del pasado, sin abocarnos a continuar con nuestro progreso social, intelectual y económico que mantenga nuestro prestigio e idiosincrasia centenaria. Debemos meditar nuestras acciones y posterior toma de decisiones.
Como costarricenses y seres políticos que somos, debemos abandonar nuestras ambiciones personales que provocan el egoísmo y la autosatisfacción personal a toda costa, con el objeto de conformar una unidad nacional que tienda a la satisfacción de los intereses urgentes que debemos de atender: El hambre, la falta de educación, la desigualdad social y dignidad del ciudadano.
Hemos elegido, según la “vox populi”, la mejor opción para tomar las riendas de nuestro país. Es hora de unirnos en un frente común para sacar a Costa Rica del subdesarrollo mental y conformismo en que se ha sumido y estancado. Es hora de actuar, para mañana es tarde. Nuestro país nos necesita. “Vivan siempre el trabajo y la paz”, pero sobre todo la justicia social, la igualdad y la honestidad nacional.

Jorge Federico Umaña Segura