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La solución al endeudamiento público pasa por que la administración se decida a construir un Estado y un Gobierno central más eficientes; a brindar mejores servicios a menor costo


Es impostergable una reforma estatal

Mientras los costarricenses claman por que la administración tome medidas destinadas a parar el despilfarro y bajar significativamente el gasto público, el Gobierno envía un presupuesto al Congreso en el que se han incluido partidas innecesarias que lo engordan aún más.
Es como si se tratara de un paciente con sobrepeso a quien el médico le indica la urgencia de ponerse a dieta, pero él más bien se dedica a organizar comilonas que lo llevarán a una obesidad mórbida.
Así, el presupuesto para 2013 aumenta, por ejemplo, el gasto en publicidad de la Presidencia de la República y la contratación de consultorías.
Esto, además, en un año electoral, no puede menos que despertar la inconformidad de quienes ven en esa programación de gastos una relación con el clientelismo, una práctica que tanto daño ha venido haciendo al país.
Sea cual sea la óptica desde la cual se mire, lo cierto es que no se ve la voluntad política de poner realmente freno al despilfarro de dinero público que luego los costarricenses deben pagar y con intereses.
Ayer lo decíamos en este mismo espacio. El tema no dejará de ser preocupación permanente porque el aumento en el gasto es como un anuncio de que tendrá que aumentar también la deuda.
Un mejor cobro es algo necesario pero no logrará equilibrar los ingresos y los gastos si estos siguen disparándose por medio de una planilla estatal insostenible y por un aumento del gasto.
Seguir por la pendiente en que vamos significa un mal que se vuelve crónico y finalmente entra en el indeseado estado de gravedad, como sería llegar a una Costa-Grecia, como lo señaló este medio en agosto pasado.
La solución, en cambio, pasa por que la administración se decida a construir un Estado y un Gobierno central más eficientes y a brindar mejores servicios a menor costo.
Contrario a esto, salvo unas pocas medidas no significativas en cuanto al ahorro que es necesario hacer, se optó por pagar las deudas pidiendo el dinero que no tenemos a los mercados extranjeros.
El presupuesto presentado para 2013 demuestra que no se hizo la tarea de fondo para disminuir los gastos.
Y esa tarea no consiste en desmantelar los presupuestos importantes con lo cual se desmejoraría la calidad de vida de los costarricenses, ni en debilitar la inversión para la formación de capital humano.
Esa tarea consiste, más bien, como decíamos, en un Estado eficiente y menos caro y nada de gastos superfluos o discrecionales.
 

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