Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

Enviar
Miércoles 31 Diciembre, 2014

Ningún sindicato del país, ni ninguna convención colectiva de trabajo estos privilegios vacacionales y laborales, como los que ahora se les quiere quitar a los trabajadores y a los sindicatos


Pizarrón

El “tontón” de los tamales de la Sala IV

Como comenté la semana pasada, por una pésima lectura, mejor que por una falta de capacidad de interpretación de lo escrito en la acción de inconstitucionalidad que presenté, que fue rechazada por la Sala IV, dice el magistrado redactor que la Sala se ha pronunciado 56 veces sobre las vacaciones de los diputados rechazando las acciones que se han puesto en ese sentido.
Mi acción ante la Sala IV no fue contra las vacaciones, sino contra la ruptura del orden constitucional, que se da porque los diputados en sesiones ordinarias suspenden las sesiones extraordinarias, anulan su acto de convocatoria, que solo el Poder Ejecutivo puede realizar, y por ello solo el Presidente puede desconvocar o anular si fuera el caso.


Con el fallonazo queda aprobado el acto de suspender las sesiones extraordinarias que convocó Luis Guillermo Solís, y los diputados pueden tomarse, ahora sí, “sus vacaciones”, que fue como justificaron la huelga de brazos caídos que decretaron los diputados contra el Poder Ejecutivo.
Estas vacaciones de los diputados son un tamal, el tontón de los tamales, como decían mis abuelas.
Este tamalón, de las vacaciones, que defiende la Sala IV, que les ha regalado a los diputados con este fallonazo, al no pronunciarse sobre la ruptura del orden constitucional, se puede describir así:
1.- Las sesiones extraordinarias van desde el 1º de diciembre hasta el 30 de abril… cinco meses, 20 semanas o 150 días.
2.- Los diputados durante el año tienen una jornada efectiva, real de 4-3 (días), como la que se aplica en algunas empresas y fábricas. Solo trabajan cuatro días, de lunes a jueves, y descansan o pasean viernes, sábado y domingo. Cualquier trabajo que hagan estos días lo pueden justificar como quieran, del mismo modo que lo pueden hacer desde el recinto legislativo porque no tienen prohibición alguna ni exclusividad laboral.
3.- Si los diputados no trabajan tres días por semana, en todas las sesiones extraordinarias no trabajan 60 días, quedándoles 90 días hábiles reales y efectivos para realizar su trabajo de atender los 104 proyectos de ley que les envió el Poder Ejecutivo.
4.- Si además los diputados suspenden, paralizan, anulan las sesiones extraordinarias desde el 19 de diciembre hasta el 19 de enero y desde el 27 de marzo hasta el 6 de abril (Semana Santa), para un total de 40 días, con el aval de la Sala IV, días que no trabajarán, solo les quedan 50 días reales y efectivos para atender los 104 proyectos de ley.
5.- Así, de los 150 días de diciembre a abril, trabajarán si acaso 50 días o seis semanas y les pagarán 150 días o 20 semanas. Ningún sindicato del país, ni ninguna convención colectiva de trabajo tiene estos privilegios vacacionales y laborales, como los que ahora se les quieren quitar a los trabajadores y a los sindicatos.
6.- Además de lo anterior se autorrecetan los diputados otra vacación, en julio, de 15 días, esta sí con pleno derecho porque suspenden sus propias sesiones ordinarias, también para descansar y vacacionar…
7.- Por los cuatro días efectivos que trabajan reciben su salario, dietas, gasolina, en promedio ¢4 millones por mes. La intensidad de su trabajo tal vez justifica sus tres días semanales de descanso y su salario. Ese es su trabajo… esas son sus vacaciones… ¿excesivas? Justificadas y santificadas por la Sala IV.
Feliz año para todos, y disfruten el “tontón” de la Sala IV con los diputados.
Disculpen la basca. Volveré con más la próxima semana.

Vladimir de la Cruz