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La falla no está en encargarle a alguien que nos haga un trabajo a cambio de un justo pago, sino en negociar el asunto de modo perjudicial para Costa Rica


El problema no es la herramienta, sino la forma de usarla

En el caso del modelo de concesiones para realizar obra pública, fracasado en este país, no creemos que sea la herramienta el problema sino quienes la usaron.
La falla no está en encargarle a alguien que nos haga un trabajo a cambio de un justo pago, sino en negociar el asunto de modo perjudicial para Costa Rica. Esa no debe ser la labor de los gobiernos, sino todo lo contrario.
Para firmar uno de estos contratos debe haber condiciones como que el financiamiento no deba conseguirse en el Sistema Bancario Nacional sino que provenga de inversión extranjera, que se garanticen obras de alta calidad en un tiempo razonable y que esto se pueda demostrar públicamente antes de firmar el contrato.
Pero además habrá que asegurar que el precio a pagar será el menor posible, siendo justo para ambas partes, estudios técnicos en mano, de fácil comprensión y puestos en la Web para que sean de conocimiento público antes de adquirir compromisos que pudieran significar después algún pago por indemnización si se considera inadecuado realizar de ese modo la obra.
¿Tenemos especialistas experimentados en Costa Rica para hacer esto de ese modo? Sí. Y estos deberían formar parte de las planillas del MOPT que pagamos los contribuyentes y se les debería permitir actuar según parámetros técnicos, eliminando el clientelismo político a la hora de contratarlos. Incluso carreteras como la famosa Trocha fronteriza, a construirse nada más y nada menos que con dineros del Fondo Nacional de Emergencias, padecieron la falla común a la mayoría de proyectos, falta de transparencia y, en este caso, malos manejos que llevaron a acusaciones cuyas conclusiones, por cierto, están esperando los costarricenses.
De modo que el problema no está en el método o herramientas elegidas, sino, como decíamos al inicio, en las actuaciones y responsabilidades de quienes deben usarlas.
Estos son temas de gran importancia porque, en momentos en que se avecina una nueva elección de quienes tomarán el poder convirtiéndose en los nuevos responsables, no debemos cometer el error de pensar que fueron casos fortuitos.
No solo porque el último informe de Transparencia Internacional diga que ocupamos el puesto 49 entre 177 países incluidos, debemos sentir que Costa Rica sale bien librada en materia de corrupción.
Si la realidad mundial es desastrosa en general en ese sentido, es una vergüenza y un error compararnos con los peores porque las consecuencias, ya vemos, las estamos sufriendo. Comparémonos con los mejores y, más importante aún, creemos una nueva conciencia nacional de honestidad.
 



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