El presidente electo de Argentina en juego peligroso con el peso
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Si hay un punto en el cual el presidente electo de la Argentina, Mauricio Macri, ha sido absolutamente claro es que detesta todas las normas y restricciones que asfixian al mercado cambiario del país. El martes, dos días después de derrotar al candidato del gobierno, Macri reiteró su promesa de eliminar los controles cambiarios inmediatamente después de que asuma su cargo el mes que viene.

Es un plan audaz, que podría dar impulso a sus esfuerzos para atraer muy necesarias inversiones al país pero que también entraña grandes riesgos. Como la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el del mercado negro actualmente se ubica en el 58 por ciento, levantar los controles casi con certeza provocará un desplome del valor del peso. Eso podría llevar a un fuerte aumento de los precios al consumidor en un país en el que la inflación ya supera el 20%, profundizar la desaceleración económica y desatar una reacción pública y política contra el nuevo gobierno.

El plan trae aparejados tantos riesgos y es tan difícil desde el punto de vista logístico que muchos observadores externos insisten en que en realidad Macri no tratará de implementarlo tan rápidamente. Lo atribuyen a la retórica de campaña. Pero Macri no le ha bajado el tono a su discurso como presidente electo. Cuando el martes le preguntaron con cuánta celeridad actuaría, respondió que lo haría el 11 de diciembre, un día después de su asunción.

“La historia está sembrada de cadáveres de países que abandonaron los controles de capital en forma precipitada”, dijo Barry Eichengreen, profesor de economía de la Universidad de California en Berkeley y ex asesor de política sénior del Fondo Monetario Internacional durante la crisis financiera asiática de 1997-1998.

Si Macri, dos veces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y hombre de negocios adinerado, lleva a cabo lo que dice, la economía de $540 mil millones podría sufrir un gran golpe. “Habrá un solo tipo de cambio”, dijo Macri el martes. “Los controles ya no tienen sentido porque ni siquiera quedan dólares para defender en el banco central”.

Suponiendo que devalúe el peso un 39% a 15,8% en tres meses para alinear el tipo de cambio con los precios del mercado negro y elimine los subsidios a las empresas de servicios públicos, el banco central tendría que elevar las tasas de interés al 40% para septiembre para controlar la inflación, según Oxford Economics, firma de investigación del Reino Unido. Sometida a esa “terapia de shock”, la economía se contraerá alrededor de un 3% anual en los próximos dos años antes de repuntar en 2018, escribió el economista Luiz Kessler.

Venezuela, vecina y aliada de larga data, ya pasó por eso. En 1989, el presidente recién electo Carlos Andrés Pérez eliminó abruptamente los controles cambiarios y dejó que la moneda cayera después de descubrir que el banco central se estaba quedando sin reservas de divisas. Los precios al consumidor subieron 21% en un solo mes, llevando a los disturbios conocidos como “caracazo” en los que murieron cientos de personas y que impulsaron a Hugo Chávez, entonces oficial del Ejército, a acelerar los planes de intentar el golpe de Estado que puso en marcha su carrera política.

En lugar de una terapia de choque, Macri debería implementar una transición gradual a un tipo de cambio de flotación libre, dijo Paulo Vieira de Cunha, ex vicegobernador del banco central de Brasil. Eso daría al gobierno tiempo para aprobar medidas que permitan absorber pesos, aplicar un plan fiscal creíble y captar efectivo del exterior, explicó.

“Hay una diferencia entre hacer algo gradual con credibilidad y hacer algo al azar en el vacío”, señaló Cunha, actualmente economista jefe de la administradora de carteras Ice Canyon de Los Ángeles.

Nadie dice que Macri no deba empezar a implementar cambios rápidamente. Después de doce años de gobierno de los Kirchner, la economía sufre el impacto de tener las reservas de divisas más bajas en nueve años, de $25.800 millones, el déficit de presupuesto más alto de las tres últimas décadas y una moneda regulada que no se ha depreciado al ritmo de la inflación. En los últimos cuatro años, el peso cayó sólo un 55 por ciento, frente a aumentos anuales de precios de más del 20% desde 2011.

Excluyendo elementos como los dólares de las entidades comerciales de préstamo y un canje de divisas de $10 mil millones con el Banco Popular de China, el país tiene sólo $2 mil millones de reservas de libre disponibilidad, según Barclays Plc. Los rígidos controles cambiarios son una de las pocas medidas que mantienen a flote al país en medio de una incesante fuga de capitales.

Pero para Macri, el margen de error es estrecho. Como el 49% de los votantes eligió a su adversario, el candidato del partido gobernante Daniel Scioli, las medidas impopulares de una gran devaluación, sumadas a recortes de gastos y aumentos de impuestos, sólo le harían perder el apoyo de los argentinos y debilitarían su respaldo político.

Mario Blejer, ex presidente del banco central del país que devaluó el peso en 2002, dijo que los controles de capital sólo deberían eliminarse gradualmente y levantarse sector por sector, empezando por los importadores. Para atenuar el impacto, Macri tendrá que aumentar las tasas de interés de los bonos del banco central y fomentar la demanda de pesos, señaló Blejer, que llevó esos rendimientos a 140% hace catorce años.


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