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Lunes 22 Julio, 2013

Le invito a ser diferente, a ser persona de principios y soluciones, proactiva y solidaria. En conclusión, a no esperar a que todo se mejore, para luego mejorar nosotros


El pesimismo… la ruta del mínimo esfuerzo

A nivel personal, laboral, empresarial e incluso como país, el pesimismo está latente como una tentación a nuestro alrededor.
Como humanos y por nuestra idiosincrasia, somos propensos a darle un mayor peso y atención a los eventos negativos que a los positivos. Queremos, consciente o inconscientemente, ver lo malo de la sociedad, tal vez para sentirnos mejor y no asumir responsabilidades sobre nuestro propio accionar. No es de extrañar que los medios de comunicación masiva que publican constantemente informaciones negativas, sean los que más vendan.
Esto por cuanto resaltan más lo negativo en todos los niveles. Se sabe que los líderes negativos, lejos de criticar constructivamente, buscan sembrar el caos, el anarquismo y la duda en las personas de buena fe.
Ejemplos hay muchos: como el gobierno “no sirve”, entonces la culpa la tiene el gobierno; como el jefe es malo, entonces voy a dar el mínimo esfuerzo para que no me echen; como todo el mundo bota basura, yo también la boto, y una lista de muchos ejemplos más.
Las expectativas generales o estilos explicativos como el optimismo o pesimismo tienen un efecto significativo sobre la conducta. Algunas investigaciones demuestran que ya a una edad temprana, los niños han desarrollado un estilo explicativo habitual.
En un estudio, se pidió a alumnos de tercer grado que leyeran descripciones de 12 eventos buenos y 12 malos. Luego, se les pidió que explicaran las razones por las que sucedieron tales eventos. Sus puntuaciones reflejaban su grado de pesimismo u optimismo.
Los pesimistas tendían a creer que los eventos negativos se debían a características personales que no podían cambiar; los optimistas consideraban que los eventos negativos eran incidentes desafortunados que podían remediar.
Se encontró que los niños con un estilo pesimista eran más proclives a la depresión y a tener un peor desempeño en las pruebas de aprovechamiento (Nolen-Hoeksema, Girgus y Seligman, 1986).
Palabras como humanismo, optimismo, confianza, proactividad, empatía, solidaridad, trabajo en equipo, responsabilidad compartida, Dios y otras, cada vez tienen menos difusión, pero afortunadamente seguimos siendo la mayoría los que tratamos de aplicarlas en nuestro diario vivir.
La mayoría silenciosa, tratamos de buscar soluciones y no excusas, de hacer nuestro trabajo bien, de ir contra el dicho “a los tontos ni Dios los quiere”, inventado saber por quién, y más bien adoptamos la parábola de los talentos y cómo multiplicarlos; aún somos solidarios y agradecidos. Esto es lo que está sosteniendo a este país.
Le invito a no ser parte de la masa. Bien decía Freud en su libro “Psicología de las masas”: “El individuo actúa correctamente, las masas no”, es decir, “mal de muchos, consuelo de tontos”. Le invito a ser diferente, a ser persona de principios y soluciones, proactiva y solidaria.
En conclusión, a no esperar a que todo se mejore, para luego mejorar nosotros.
 

Jesús Morgan