Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 14 Febrero, 2013

Si doña Laura reta a los diputados a someterse al dictado del “soberano”, la congruencia la obliga a someterse ella también a lo que delatan las encuestas, que es muy obvio


De cal y de arena

El día en que hable “el soberano”

La Presidente Chinchilla desafía a los diputados a no tenerle miedo a la voz del pueblo y a someter a referéndum un conjunto de reformas al reglamento interno de la Asamblea Legislativa para que sea en las urnas donde se decida la suerte del marco jurídico que rige el trabajo parlamentario. Si esta espoleada es un giro real y sincero en la apreciación del valor presidencial de la opinión del “soberano” y no una simple maniobra de distracción, estaríamos notificados de que doña Laura se encamina a recambios en la composición y orientación de su gobierno a tono con lo que ese “soberano” viene exteriorizando desde hace rato en las encuestas.
Hay una generalizada inconformidad con la gestión de la mandataria de magros resultados, visible en la acumulación de demandas populares sin respuesta y en señalamientos de los sectores empresariales que sobrellevan el dinamismo de la economía a pesar de tantos obstáculos que las promesas presidenciales no han removido.
Si doña Laura reta a los diputados a someterse al dictado del “soberano”, la congruencia la obliga a someterse ella también a lo que delatan las encuestas, que es muy obvio.
En el caso de su Ministro de Educación, Leonardo Garnier, las encuestas muestran resultados muy contradictorios. No puede derivarse, por tanto, que se imponga su remoción a pesar de que hay realidades que inducen a preguntar qué ha estado haciendo en pro del cambio cualitativo que el interés público demanda.
Tal es el caso de la calidad de los maestros y profesores. Su sentencia en un reportaje periodístico reciente es patética: hay un tercio de docentes de buena calidad, “como para quitarse el sombrero”; otro es “normalón”; y el resto da tristeza.
Además, acusa que hay universidades que están graduando gente que lo único que tiene de profesor es el título. Don Leo, con largos siete años como Ministro y con un presupuesto que sobrepasa ya los C. 30 mil millones (de lo que raja), haría bien en informar qué ha hecho para rectificar este cuadro tan peligroso para los desafíos que debe encarar esta sociedad.
La selección de fútbol empató en Panamá. Por lo que se vio, fue un empate a empellones que se alcanzó después de variaciones en el equipo y en una táctica muy criticada gracias a las cuales pudo sacarse partido de la pérdida de fuelle de los panameños. No hubo euforia en nuestras calles, señal de que la afición mayoritariamente no se chupa el dedo y de que intuye que algo renquea y que la conducción de Pinto tiene ganadas las críticas.
Parsimoniosos y objetivos muchos de los análisis del periodismo deportivo, ayudan a entender la realidad del sino que vive nuestro popular deporte, con la excepción del grueso de los comentarios vertidos por TV que abundaron en un derroche de justificantes alcahuetes y alabanzas que más bien despertaron la sospecha de que ahí lo que se cultiva es la deformación de la realidad para no espantar a la afición. Es el interés del “Fútbol S.A.”

Álvaro Madrigal