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Lunes 11 Febrero, 2013

Necesitamos cambios profundos para fortalecer nuestra democracia. Uno de ellos es la revisión de los argumentos basados en el sexo como fundamento que imposibilita el derecho a ejercer el poder por parte de las mujeres


El derecho a gobernar de las mujeres

En relación al artículo titulado “Laura cierra puertas a mujeres”, publicado en el diario La República el día 01 de febrero de 2013, donde se exponen algunos datos de la encuesta de CID Gallup y se asocia la labor de la Señora Presidenta, Laura Chinchilla, con la posibilidad de que otra mujer llegue a la Presidencia de la República, quisiera referirme a algunos aspectos necesarios de profundizar.
Es importante recordar que históricamente las mujeres hemos luchado por alcanzar y ejercer en igualdad y equidad de condiciones los derechos políticos. Socialmente se ha considerado que el poder y los espacios políticos son eminentemente masculinos, donde a las mujeres se les ha permitido, a manera de concesión, espacios para su participación, lo que nos coloca como “ciudadanas o invitadas de segunda categoría”.
Las mujeres que estamos en puestos de toma de decisiones nos enfrentamos cotidianamente a una serie de cuestionamientos sobre nuestra capacidad, habilidad e incluso nuestra imagen, situación que no es vivida tan profundamente por los hombres.
Esto evidencia que en nuestra sociedad existen obstáculos que se transforman en un techo de cristal y que limitan la efectiva participación política de las mujeres como un derecho humano.
Y es que cuando las mujeres ascendemos a puestos de mayor jerarquía, nos vemos expuestas a un escrutinio público mucho más exigente y enfocado en nuestra condición de mujeres.
Se desvaloriza nuestra capacidad para ejercer el poder, se penalizan nuestras aspiraciones para ejercer el poder, se nos deslegitima como figuras de autoridad y como personas.
¿Cuándo se cuestionó la gestión de un Presidente de la República por ser hombre?, ¿cuándo se cuestionó que un hombre llegue a ser Presidente en función de la gestión de otro hombre? No lo recuerdo.
Como sociedad necesitamos cambios profundos para fortalecer nuestra democracia. Uno de estos cambios es precisamente, la revisión de los argumentos basados en el sexo como fundamento que imposibilita el derecho a gobernar y ejercer el poder por parte de las mujeres.
Instamos a un diálogo basado en resultados y a un cuestionamiento sobre los mitos, prejuicios y estereotipos que históricamente se siguen reproduciendo; los cuales nos imposibilitan crecer como país y como sociedad.
La democracia es más que una forma de ordenamiento social, es una forma de vida social donde debe imperar el acceso y el respeto a los derechos que como seres humanos tenemos.

Maureen Clarke Clarke
Ministra de la Condición de la Mujer
Presidenta Ejecutiva Instituto Nacional de las Mujeres