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Sábado 11 Enero, 2014

El crédito tonto versus el inteligente

Uno de los principales dilemas de los banqueros es asegurar a sus accionistas o dueños un buen cierre anual de utilidades, y ello va a depender en gran medida de los ingresos financieros que generan sus activos y para nuestro caso en particular la cartera de crédito.
No obstante lo anterior y partiendo del irremediable hecho de que todo crédito lleva implícito un riesgo, resulta primordialmente importante asegurarse de que las colocaciones crediticias se realicen a lo que los especialistas denominan “créditos inteligentes” y que quizás resulta más fácil entenderlos si tenemos claro el término contrario (créditos tontos).
Un crédito se podría considerar “tonto” si: (a) la colocación obedece más a una moda temporal de corto plazo y no a una política sectorial institucional, (b) los términos y condiciones los determinan los clientes y no el banquero, (c) el riesgo implícito está evidentemente inclinado hacia el prestamista, y (d) si la tasa de interés cobrada no refleja el verdadero costo y riesgo de la relación crediticia puntual y de la rentabilidad del cliente en general.
El crédito “tonto” termina por ser la principal causa de pérdidas de las instituciones y sobre todo del endeudamiento colectivo de la ciudadanía que atraída por tentadoras ofertas, no logran distinguir entre su realidad financiera y la vorágine por consumir que nos exige la sociedad actual, hipotecando su tranquilidad y volviéndose esclavos de un sistema diseñado para vivir endeudados sin importar el precio.

Mynor Retana Cárdenas
Ingeniero
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