Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Lunes 30 Diciembre, 2013

El sector privado administra con mayor eficiencia sus recursos que el sector público, por lo que escoge y evalúa continuamente a sus profesores


El bachillerato y lo que dice sobre la educación

¿Será cierto que la educación secundaria pública es capaz de obtener los mismos resultados educativos que la privada, como lo asevera el Ministro Garnier? La evidencia que aporta para llegar a esa conclusión es exclusivamente una: los resultados obtenidos en bachillerato.
Para ser válido el argumento que plantea, no solo tendríamos que estar de acuerdo en comparar las calificaciones promedio de todos los alumnos de colegios privados con las de los mejores alumnos de colegios públicos. También tendríamos que coincidir en que utilizar las notas obtenidas por los alumnos en bachillerato es un mecanismo válido para juzgar la calidad académica de los centros educativos.


A juzgar por los resultados en las pruebas PISA, parece que las calificaciones obtenidas en los exámenes de bachillerato no certifican que los egresados de colegio posean los conocimientos mínimos requeridos por estándar internacional.
Con respecto a los promedios obtenidos por los alumnos en los colegios públicos y privados, el argumento no admite que puedan haber diferencias en la calidad del aprendizaje que evalúan esas calificaciones, diferencias que las pruebas de bachillerato no están en capacidad de medir. El sector privado administra con mayor eficiencia sus recursos que el sector público, por lo que escoge y evalúa continuamente a sus profesores; se preocupa por ofrecer un currículum que supera, con creces, las expectativas de conocimiento que subyacen las pruebas de bachillerato; invierte en infraestructura, tecnología y materiales didácticos; imparte más horas lectivas; y apoya a sus alumnos con múltiples servicios complementarios.
En cambio, el MEP contrata a cualquier profesor titulado y no evalúa su desempeño; imparte un currículum con una estructura diseñada en los 70s; invierte solo el 3% de su presupuesto en recursos didácticos e infraestructura y opera el 97% de sus colegios en horario alterno (mejor dicho, reducido). No es un problema de recursos, aunque así lo quieran hacer parecer: otros países de América Latina obtienen mejores resultados con una fracción de lo que Costa Rica invierte por estudiante en educación, como porcentaje del PIB. Bastaría con redireccionar un porcentaje los recursos de educación terciaria a la educación secundaria.
El argumento tampoco reconoce la posibilidad de que existan diferencias en cuanto a la dificultad con la que se obtienen las calificaciones, según sector. Es de conocimiento popular que los colegios privados, en general, son mucho más rigurosos en la asignación de calificaciones que los colegios públicos. No debería sorprender, puesto que un colegio privado que no se esmere en velar por su calidad tiene sus días contados. En contraste, un colegio público de mala calidad continuará subsistiendo a través de los años, mientras que el Ministerio de Educación le siga girando fondos, sin pedir ningún resultado a cambio.

Por Silvia Castro, Rectora de ULACIT