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Sin agua no hay vida y en este país tenemos suficiente de ese líquido. A pesar de ello, desatendemos su cuido y las redes de abastecimiento

El agua es vida… pero la descuidamos

Décadas de incumplimiento por parte de los gobiernos que no atendieron la situación del agua potable en el país, generaron los problemas de desabastecimiento actuales que afectan más a unas zonas que a otras, a pesar de que tenemos ese líquido en cantidad suficiente.
Entre las zonas afectadas están el oeste de San José y Guanacaste.
A pesar de eso, de $250 millones que hay disponibles para obras que permitan mejorar la distribución del líquido vital, en los últimos cuatro años solo se han utilizado $100 millones.
Pareciera que las historias se repiten a partir de un mismo guion básico. Se descuida todo hasta que se comienzan a producir los incendios y entonces se echa mano a todo lo que pueda actuar con rapidez para apagarlos, aunque muchas veces las soluciones sean malas o mediocres y nos cuesten muy caro a los que deberemos pagarlas.
Pero el agua es algo distinto porque sin ella no hay vida.
Actualmente hay zonas que ya sufren faltantes de agua y en algunos casos empresas privadas han optado por el autoabastecimiento. Esto, sin embargo, no soluciona el problema a quienes estando fuera del área de acción de esas empresas no se benefician con dicho autoabastecimiento.
Si el gobierno, una vez provocado el incendio, necesita capital privado para apagarlo, bien; pero eso no lo exime de hacer lo que no se hizo oportunamente, porque el agua potable es algo que por ley y por sentido común la administración debe ocuparse de proveer en cantidad idónea en forma permanente a la totalidad de la población.
Ahí donde sea necesario deberán instalarse las redes de transporte de agua para que haya una adecuada distribución del caudal existente, además de que, como lo decíamos ayer en este mismo espacio, se debe verificar, no solo en los mapas sino en serios y exhaustivos estudios de campo, el estado de los mantos acuíferos para comprobar si se están protegiendo adecuadamente. Caso contrario, encontrar responsables y subsanar el problema de inmediato.
Esto no es algo que pueda variar de un gobierno a otro, sino que debe obedecer a un plan de corto, mediano y largo plazo que todos atiendan del mismo modo y con la eficiencia que amerita.
Esto sin entrar siquiera al lamentable tema de la contaminación que estamos produciendo a nuestros ríos, convertidos en verdaderas cloacas a cielo abierto, ante la mirada, o el desvío de mirada, de las autoridades a quienes les corresponde enfrentar ese problema.
Parte importante de ello es, sin duda, un plan nacional, diferente a los ya realizados sin mayores resultados, para cambiar la cultura contaminante del costarricense.
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