Enviar
Sábado 9 Marzo, 2013

Nuestra paradoja macroeconómica podría ser reflejada en el famoso proverbio que dice: “Siempre se llega tarde. Y solo cuando crees haber llegado a tiempo, ya es demasiado tarde”


Dilema macroeconómico de Costa Rica

Costa Rica se enfrenta a un dilema macroeconómico difícil. Desde Setiembre de 2009, el colón ha experimentado un proceso coyuntural de apreciación con relación al dólar estadounidense, al ser víctima de la guerra de divisas internacional y de las políticas monetarias expansivas de Estados Unidos.
Una pequeña parte del gran exceso de la liquidez internacional es atraída hacia Costa Rica en forma de cartera de inversión a corto plazo (gracias a las rentabilidades esperadas superiores a las de los países desarrollados), lo que podría ocasionar burbujas en los mercados de activos, y exponer a la economía local a una posible reversión súbita de los flujos de capital, y que podría desatar una crisis financiera.
Una economía que crece, hace que el tipo de cambio efectivo real de su moneda suba a largo plazo para reflejar su mayor riqueza y poder adquisitivo.
El problema es que, en el caso de Costa Rica, esto está sucediendo demasiado rápido debido a factores externos que se encuentran fuera del control de las autoridades económicas. También, repercutiría desfavorablemente en sus exportaciones y aumenta su déficit de cuenta corriente.
Si Costa Rica deja que sea el mercado quien determine libremente el tipo de cambio de su moneda, su sector exportador se resentirá.
Pero si se interviene para frenar la apreciación, se aumentaría la oferta monetaria y se presionaría los precios locales al alza (lo que se podría revertir o esterilizar con ventas de bonos del Estado para retirar los colones excedentes).
Esto llevaría a un aumento de las reservas monetarias internacionales de dólares, moneda que tenderá a depreciarse, generando pérdidas de capital a las autoridades.
¿Qué puede hacer el país?
Costa Rica está obligada a utilizar instrumentos de política económica internos, pero se enfrenta a varios retos.
Por una parte, para contener la inflación y enfriar la economía se pueden subir los tipos de interés. Sin embargo, si lo hace atraerá más capitales del exterior, lo que apreciaría aún más el tipo de cambio.
Esto hace que la contracción fiscal sea una mejor alternativa para reducir la demanda interna (y con ella las importaciones y la inflación).
Sin embargo, son bien conocidas las dificultades que hay que enfrentar para implementarla. Hoy en día, los tipos de interés se encuentran en descenso lo que se espera que contribuya a frenar la entrada de capitales y estabilizar el tipo de cambio, pero podría alimentar la inflación.
Otra posibilidad es intervenir directamente y esporádicamente el mercado cambiario. Las autoridades pueden adquirir moneda extranjera mediante la creación de moneda nacional, lo que tenderá a depreciar el colón. Sin embargo, esto podría ser inflacionista vía aumento de la oferta monetaria y subiendo los precios a largo plazo.
Por último, las autoridades pueden imponer controles de capital para limitar su entrada. Estos pretenden cobrar un impuesto sobre los rendimientos de las entradas de capital no productivo.
Es uno de los instrumentos más efectivos que se tienen a corto plazo para contrarrestar la apreciación del colón, para frenar la inflación y la aparición de burbujas de activos, y hasta para aumentar la recaudación fiscal.
Nuestra paradoja macroeconómica podría ser reflejada en el famoso proverbio que dice: “Siempre se llega tarde. Y solo cuando crees haber llegado a tiempo, ya es demasiado tarde”. Espero que este no sea nuestro desenlace como país.

Oscar Ugalde
Economist/Faculty advisor
Long Island University y ULACIT