Deuda doble: Destructiva
No estamos todavía en una situación parecida a la crisis de la administración Carazo, tal como se ilustra en esta portada de La República del 31 de julio de 1979; sin embargo debemos prevenir que suceda nuevamente.
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ANÁLISIS

Gastar con mesura, la solución

Deuda doble:Destructiva

Familias, así como Gobierno, tendrían problemas para pagar lo que deben

RESUMEN

El sector público, así como el privado, deben hacer un mayor esfuerzo para controlar sus gastos.
Se trata sobre todo de reducir los montos que el Gobierno paga en salarios y beneficios, y en moderar las compras de bienes y servicios no esenciales, en lo que a las familias se refiere.
Actualmente, ambos sectores están acumulando deuda y llegando a poner en riesgo su solvencia, sobresale un fuerte aumento el mes pasado en las pérdidas del Gobierno.


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Por un lado, es urgente que el Estado reduzca sus costos, sobre todo los altos salarios y amplios beneficios a los funcionarios, que consumen más del 80% de su presupuesto.
Una forma eficiente de recaudar los impuestos también ayudaría a reducir las pérdidas estatales.
Sin embargo, han sido pocos los esfuerzos para sanear las finanzas del sector público, cuyo déficit alcanzó a julio pasado un 3% del valor de la producción nacional, con la probabilidad de que supere el 6% al finalizar el año, y no el 5% que originalmente suponía Hacienda.
Con esto, la deuda pública quedaría por el orden del 45% del PIB, un 5% más que a inicios de año.
En Latinoamérica, solo Venezuela tendría un déficit más elevado que el de Costa Rica, que a diferencia de los sudamericanos, no contamos con una producción petrolera para pagar la cuenta.
Se trata de una racha de déficits durante los últimos cinco años, con un promedio del 5% del producto interno bruto, que Costa Rica no experimenta desde el choque económico de 1982, cuando el colón se devaluó de ¢8 por dólar a ¢48, incrementando el costo de varios productos importados, desde el petróleo hasta el arroz.
Al mismo tiempo, urge un mayor control de los gastos de consumo, sea por voluntad propia de parte de las familias, de los bancos, o por la aplicación de condiciones más estrictas en el endeudamiento de este tipo de parte de los superintendentes.
Actualmente, cada familia costarricense tiene una deuda bancaria de $12 mil (¢6 millones) en promedio, por lo menos el doble del nivel de hace cinco años, conformado sobre todo por los préstamos de consumo.
Solo en el año que terminó en junio pasado, el saldo de los créditos otorgados creció un 21%, en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Peor aún, muchas familias piden prestado en dólares, a pesar de que sus ingresos se denominan en colones, lo que no ha sido un problema hasta la fecha, ya que el dólar ha estado barato.
Sin embargo, cuando se vuelva caro, como eventualmente sucederá, es probable que varios deudores encuentren problemas para cancelar sus obligaciones.
Dependiendo de la extensión del incumplimiento por parte de los deudores, los propios bancos podrían experimentar dificultades para devolver el dinero de las personas que lo depositaron en sus cuentas, lo cual generaría una reacción en cadena.
Pocos ahorros generan poca inversión, así que habría pocos puestos de trabajo y —posiblemente—, gran tensión social.

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Lindsay Flores
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