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Sábado 12 Abril, 2014

No todo es gris detrás de la contaminación del aire, la congestión y otras externalidades negativas del transporte


Detrás de la motorización explosiva

Recuerdo mis experiencias montando en bici en varias ciudades de Brasil, México y Colombia en las que trabajé entre 2011 y 2012. Mis recuerdos más memorables son el horrible olor a azufre producto del smog de los coches, esquivar carros estancados en embotellamientos viales y acabar atrapado entre vías repletas de coches y banquetas repletas de peatones.
En Bolivia, entre 2003 y 2007, la flota vehicular se incrementó un 51%, en Guatemala un 45% entre 2005 y 2010, en Nicaragua un 35% en siete años y en Barbados un 24% en tan solo cuatro años.
La actividad vehicular en América Latina y el Caribe está concentrada entre un 60% y un 70% en zonas urbanas, inundando de coches, motos, camiones y autobuses, la mayoría viejos y contaminantes. Causan estragos en la calidad de vida de los ciudadanos; los tiempos de traslado en algunas ciudades llegan hasta dos horas por trayecto; en Río de Janeiro la congestión llega a representar un costo de US$5 mil millones por año. Los accidentes relacionados con el tránsito se llevan alrededor de 140 mil vidas por año y representan un costo de entre el 1% y el 3% PIB para los países de la región. Y por si fuera poco, en 2005, aproximadamente 42 mil personas murieron prematuramente en ALC a causa de la exposición a contaminantes del aire en zonas urbanas, donde el sector transporte es un importante contribuyente.
Pero, ¿por qué afirmo que el incremento en las externalidades negativas es contar una historia positiva para ALC? En promedio, el poder adquisitivo por persona (PIB PPP per cápita) en la región se ha incrementado entre el 4% y el 5% por año en la última década.
Dicho crecimiento representa una oportunidad importante para el desarrollo económico y está contribuyendo a robustecer a una clase media sólida y cada día más demandante.
El crecimiento económico y el desarrollo de los mercados financieros también han contribuido en la reducción sustancial de la pobreza, y mejoras de la equidad en la región, aunque todavía hay mucho por hacer para lograr tener infraestructura y servicios de transporte más equitativos.
¿Esto significa que es aceptable que existan elevados costos a la sociedad por causa de las externalidades que genera el incremento en el parque vehicular en la región? ¡No!
Esta relación se debe tomar en cuenta para entender mejor los retos a los que nos enfrentamos y así poder implementar soluciones efectivas para contrarrestar los efectos derivados de la motorización.
¿Cuáles son las oportunidades para dar solución a esta problemática? ¿No te gustaría ver una reducción en la contaminación del aire y poder caminar por tu ciudad sin el ajetreo de tantos vehículos motorizados y sin accidentes viales?

Ramiro Alberto Ríos