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Mientras los últimos gobernantes han andado por el mundo diciendo pomposos discursos sobre nuestras maravillas (que las tenemos), en casa mucho estaba sucio y descontrolado


Descontrol cambia nuestra fama


Un nuevo escándalo, el del tráfico de órganos, que no hace más que sumarse a otros, desnuda la forma en que ha sido dirigida (o descuidada) en las últimas décadas, la Costa Rica llena de bellezas y riquezas naturales, con gente cordial y solidaria, de tradición trabajadora, bien educada y saludable.
El modelo aplicado directa o indirectamente parece haber propiciado algo así como: “Hágase rico rápido ¿cómo?... eso es lo de menos”. Mientras tanto, lo correcto probablemente hubiera sido algo más parecido a: “Esfuércese, aproveche oportunidades, estudie, trabaje fuerte y disfrute luego de sus triunfos y su solidez económica”.
El caldo de cultivo (pérdida de valores, familia en crisis, aumento de pobreza e inequidad) fue aumentando con el tiempo sin que los gobiernos quisieran hacer nada por limpiarlo. Ahora, en ese caldo nacen todo tipo de situaciones que además de avergonzarnos interiormente nos desprestigian en el resto del mundo. Son muchas, no vale la pena mencionar solo alguna.
Mientras los últimos gobernantes han andado por el planeta diciendo pomposos discursos sobre nuestras maravillas (que las tenemos), en casa todo estaba sucio y no quisieron arremangarse y limpiar (esa tarea no es lucida ni permite inaugurar cosas. Poner orden es tedioso pero debió hacerse con creatividad e inteligencia).
Sin embargo, cuando una infección no se trata a tiempo se convierte en emergencia. No obstante, en ese caso la responsabilidad no es solo de los emergencistas a cargo en ese momento, sino también de quienes dejaron avanzar el mal hasta ese estado crítico.
Esto, a las puertas de una nueva campaña política, no es algo que pueda dejar de señalarse.
La principal tarea en este país, para poder intentar luego desarrollar proyectos de todo tipo, es limpiar la casa de males como corrupción, clientelismo, evasión fiscal, viciosas formas de operar, despilfarro de fondos públicos y falta de adecuados controles, entre otros.
De esa gran mayoría de costarricenses que no quieren votar por nadie, habría muchos probablemente dispuestos a hacerlo por quienes ofrecieran esa “limpieza de casa” y explicaran como se haría.
Si no se hace esto, podríamos tener, luego de las próximas elecciones, otros cuatro años de parálisis o retroceso gane quien gane las justas. La única diferencia sería que ya los costarricenses tienen los mecanismos y la organización que necesitan para no permitir más que los mismos males los sigan afectando.
En ese sentido, a la vista de lo que ocurre en otros países, ¿tendremos el valor de evitarlo en el nuestro?
 

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