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Desde que se supo, hace muchos años, que regiones como la nuestra sufrirían las consecuencias del cambio climático, era momento de prepararse

Desastres anunciados

Inundaciones, derrumbes, zonas incomunicadas por daños grandes en carreteras, entre otros posibles desastres fueron anunciados con anticipación, desde que se supo, hace ya muchos años, que regiones como la nuestra sufrirían las consecuencias del cambio climático.
Desde entonces, era momento de prepararse. De poner al país en las mejores condiciones posibles para enfrentar cualquier tipo de emergencia que se presentara por esa razón, por terremoto o por cualquier otro imprevisible.
Sin embargo no se hizo.
La infraestructura vial siguió en pésimo estado, nuestros puentes deben ser revisados con frecuencia porque se duda de su capacidad de resistir y el dinero que se obtuvo para arreglarlos o reconstruirlos en buena parte sigue sin utilizarse.
Como si esto fuera poco se despojó a la Comisión Nacional de Emergencias de parte de sus fondos para la construcción de la llamada Trocha sin implementar los debidos mecanismos para vigilar adecuadamente el uso de dicho dinero público.
A todo esto necesariamente se debe sumar el mal estado financiero y administrativo de otra de las instituciones clave para actuar en forma coordinada en caso de presentarse desastres, que es la red hospitalaria de la Caja Costarricense de Seguro Social. Poner a trabajar bien esta red implica soluciones sostenibles.
Por eso es que cabe preguntarse, y no con poca preocupación, ¿en qué condiciones está realmente Costa Rica para hacer frente a una emergencia que deseamos nunca suceda? La pregunta se formula sin obtener respuesta.
En un país como el nuestro, con tan pocos recursos económicos, dos cosas son clave: la prevención, porque siempre es menos costoso prevenir que curar (si es que el mal tiene cura) y la rendición de cuentas, porque cuanto menos dinero se tenga más vigilancia debe haber sobre su uso.
Los gobiernos de turno, desde hace muchos años, están en seria deuda con los costarricenses en todo esto de lo cual hoy nos ocupamos. Se anuncian medidas y proyectos supuestamente inteligentes pero se cosechan malos resultados.
Es evidente que la ciudadanía agotó ya su capacidad de confiar en palabras y la recuperación de esa confianza dependerá solo de hechos muy concretos.
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