Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 6 Junio, 2013

A don Jinping, de pronto, uno de los expedientes se le mancha y le perturba la armonía y el orden de su visita a Costa Rica: el de la refinería de petróleo


De cal y de arena

Del Tío Sam al Tío Xi

Vino el Tío Xi. A diferencia del Tío Sam, llegó con buena chequera, una agenda de trabajo de contornos políticos y económicos bien definidos y dispuesto a hacer buenas las promesas de ayudar a mejorar la infraestructura vial que tan pobre estado acusa.
La reciente visita a Costa Rica del Presidente de los Estados Unidos, en cambio, dejó ver entre sus pliegues los intereses de los consorcios energéticos, de ayuda nada. Claro, el Presidente Xi Jinping tiene una chequera desbordante de riqueza, no así el Presidente Barack Obama.
Xi vino a dar contenido a la cooperación económica, científica, educacional y cultural sobre la base de igualdad y beneficio mutuo, lo que en el Libro Blanco de su Cancillería se define como el eje de su política en Latinoamérica y que se materializa en grandes aportes por la vía de préstamos y donaciones. Por supuesto, no es una presencia desinteresada. Aquí, en Costa Rica, está para sacar ventaja del respaldo que puede darle en los foros internacionales un país con buena imagen y que con oportunismo ha entendido que hay que ser agradecido con los desprendimientos chinos.
Esto es, hacer las del monito: ni vi ni oí, por tanto no hablo. Vamos a hacer negocios: los préstamos que da y los proyectos que acomete no significan ninguna carga para sus finanzas; igual su apertura de aduanas y sus azucaradas donaciones. En cambio, para nosotros sí son importante razón de alineamiento.
A don Jinping, de pronto, uno de los expedientes se le mancha y le perturba la armonía y el orden de su visita a Costa Rica: el de la refinería de petróleo. Aunque no fue China la que propuso este proyecto sí es la que está dictando las condiciones, características y contenidos de la planta y de su financiación, obviamente aprovechándose de nuestra disfuncionalidad técnica y del candor de nuestros negociadores que ni siquiera advierten los riesgos del conflicto de intereses.
¿Cómo nuestros agentes nos embarcaron en un proyecto tan controvertido y cuestionado y no se les ocurrió plantear otras cosas vitales para la expansión económica costarricense, el ferrocarril interoceánico, v.g., ya que China muestra tanta vocación por las obras de infraestructura?.
Si lo de la refinería es un nuevo contrato leonino, no será desvelo para los chinos; allá los ticos que se lo aguantan. En los tiempos del Tío Sam la relación del gobierno estadounidense con Latinoamérica la marcaba la desigualdad y el atropello, que Juan José Arévalo bien describió en la “Fábula del Tiburón y las Sardinas” y que Teddy Roosevelt caracterizó con la big stick policy.
Son rasgos en parte superados que —por ahora— no se perciben en la política de Pekín. Su avanzada, como ayer la de Taiwán, la facilitaron las dádivas y generosos desprendimientos también a influyentes conciliábulos políticos, nunca bien investigados ni destapados. Que el día de mañana el gobierno chino —que por hoy sólo vela celosamente porque ningún país se entrometa en sus asuntos internos (Tíbet, derechos humanos)— saque las uñas, es algo que no hay que descartar del todo.


Álvaro Madrigal