Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 9 Agosto, 2013

Nuestro idioma es la mejor herramienta para lograr la comunicación que nos haga hermanos y nos enriquezca con una cultura variopinta que, sin perder sus raíces locales, nos convierta en ciudadanos del mundo


Damas de las letras

En estos días se han celebrado actividades dedicadas a honrar nuestro idioma. Me refiero al merecidísimo homenaje a Julieta Pinto, una de nuestras grandes escritoras, y al nonagésimo aniversario de la Fundación de la Academia Costarricense de la Lengua. Ambas efemérides no se pueden separar, pues expresan un mismo objetivo: honrar a quienes —instituciones o personas— cultivan nuestra mayor riqueza cultural cual es el idioma.
Comenzando con la Academia, es importante recalcar que nuestra lengua nunca ha tenido un mayor auge en sus más de mil años de historia como actualmente.
Más de 500 millones de personas hablamos español como lengua materna. En muchos países es el idioma extranjero más estudiado después del inglés. Nuestra lengua es hablada en los cinco continentes como último y único vestigio de aquel imperio en cuyos dominios “nunca se ponía el sol”.
Pero no debemos obsesionarnos mirando tan solo al pasado, ni vernos absorbidos únicamente por la dinámica del presente; es necesario ver al futuro. Eso han hecho los ilustres presidentes y expertos académicos que han disertado miércoles y jueves de la presente semana.
Un idioma es una realidad viva en permanente transformación; por lo que la homogeneidad del español es un caso prácticamente único entre las grandes lenguas.
Un 80% del español es el mismo en cualquier rincón del mundo donde se hable, lo que lo hace ser un instrumento idóneo de comunicación entre los pueblos más diversos y dispersos del planeta.
Esa homogeneidad se estaría consolidando gracias a la revolución tecnológica, pues la necesidad de comunicarse lleva a usar palabras y expresiones lingüísticas que sean comunes a todos los usuarios. Un idioma es, ante todo, un medio de comunicación que minimiza las distancias geográficas o políticas y étnico-culturales.
Pero la importancia del idioma va mas allá de ser un indispensable instrumento de comunicación y de construcción del pensamiento (no se piensa con palabras sino desde las palabras, como lo intuyó Platón en su diálogo Cratilo).
Un idioma es una manera de comprender el mundo, una sensibilidad colectiva que le da sentido a la vida, un acto fundante de cultura que posibilita la identidad de un pueblo, hecho de la máxima importancia en una época como la nuestra, que se caracteriza por la globalización de los mercados, de la política y de la masificación de las grandes expresiones del arte (rock) o el deporte.
En todos los campos, pero especialmente en el político, la humanidad actual urge comunicarse porque los desafíos que debe asumir si quiere sobrevivir, son planetarios.
Nuestra lengua, la de Cervantes y García Márquez, ha logrado reconocimiento a escala universal. Pero igualmente lo ha logrado en el ámbito nacional y regional, como en el caso de la gran dama de las letras costarricenses, Julieta Pinto. Porque nuestro idioma es la mejor herramienta para lograr la comunicación que nos haga a todos los hombres y mujeres del planeta hermanos y nos enriquezca con una cultura variopinta que, sin perder sus raíces locales, nos convierta en ciudadanos del mundo.

Arnoldo Mora