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Sábado 2 Marzo, 2013

Una verdadera rendición de cuentas exige responsabilidad y saber que, si no se cumple con lo que se ofrece, habrá consecuencias


Crónica de una muerte anunciada

El título de este artículo, trillado a más no poder, refleja de una manera directa lo que muchos creíamos que iba a ocurrir con la organización del Mundial Femenino de Fútbol Sub-17 en Costa Rica. Luego de ser envidia, pasamos a ser hazmerreír.
Reportes recientes de prensa daban a entender que estábamos contra el tiempo y tanto los señores de la Fedefútbol como del mismo Ministerio del Deporte creyeron que a la FIFA se la podían bailar como se frecuenta hacer en Costa Rica.
A una institución seria como la FIFA no le basta con una garantía verbal de que todo va a estar listo: la FIFA quiere evidencia, clara y tangible, de que todo va según lo planeado y calendarizado. Ellos no van, como nosotros solemos hacerlo, a arriesgar su marca y su prestigio y depender de la mediocridad de terceros.
Ahora todo el mundo se tira la bola, como todo y como siempre en este florido país, y la culpa es de nadie o de ninguno (el mismo que lidera las encuestas de preferencia política con miras a las elecciones del año entrante). Aquí nadie tiene la culpa, nadie fue el responsable y todo el mundo sigue fresco como una lechuga.
¡Qué falta hace una verdadera rendición de cuentas en Costa Rica! No basta con un informecito anual, publicado muchas veces en la web y que nadie se molesta en leer, o con presentarse cada cierto tiempo al Congreso a dizque reportar los logros.
Una verdadera rendición de cuentas exige responsabilidad y saber que, si no se cumple con lo que se ofrece, habrá consecuencias.
La tramitomanía que nos tiene inundados en Costa Rica, la abulia de la gente para hacer las cosas, el constante “eso no me toca a mí”, el olvidarnos por completo de la “milla extra”…La sumatoria de todo esto es lo que nos tiene con el eterno nadadito de perro, atascados en un subdesarrollo eterno y perenne del que nunca, jamás, vamos a salir si mantenemos esta actitud.
Inconcebible es que la Federación no haya hecho los trámites necesarios para solicitar el dinero. Inconcebible que el Gobierno no haya declarado de “Interés Público”, como sí lo hace con otros temas menos importantes, la realización del Mundial y haya eximido de ciertos requisitos al ente federativo.
Inconcebible que no se haya puesto un equipo de trabajo interdisciplinario, con funcionario de la Federación, del Gobierno y de quien más hubieran querido, dedicado única y exclusivamente a la realización del Mundial.
En un país de responsabilidades, de decencia, de rectitud y de honestidad, el mismo día del anuncio de doña FIFA hubieran renunciado el Presidente de la Federación y el Ministro de Deportes, como mínimo. Es un tema de vergüenza. Es un tema de dignidad.
La carebarrada en este país está llegando a límites insostenibles a corto plazo.

Marcello Pignataro